Terrible es, ciertamente, sangriento y muy dramático lo que sucedió en la población-condado de Uvalde, Texas.

Está de más repetir lo que ya es de sobra conocido: un adolescente –ascendencia latina – desquiciado,  proveniente de hogar crítico y familia dividida; él, con padecimientos traumáticos y , término llano, tartamudo, planeó con suficiente antelación y difusión, ataque homicida a escuela – con población, escolar latina  de esa población, el que preparó especialmente con rifle de asalto y suficientes municiones: resultado 19 muertos, dos maestras asesinadas, su abuelita – en el hogar donde residía – y él, tardíamente, abatido por la policía. (Incluso, debe llamar la atención que impactó la puerta –valla escolar con la camioneta que conducía y, que, además, la policía llegó demasiado tarde.)

                Hienas políticas tratan de sacar provecho de ese terrible evento que deja pintado muy bien la facilidad con la que se pueden comprar adquirir armas de fuego en Estados Unidos.

                Por considerarlo punto de vista cercano a la realidad, transcribo a continuación casi íntegra columna  Voces de Levante y Occidente, de Gabriel Mora Sod, publicada en diario La Razón, en su edición del 25 de mayo anteriores. La cabeceó así: EL SISTEMA DETRÁS DE LA MATANZA EN TEXAS.

                “El asesinato a sangre fría de 19 n niños, y dos maestros en Uvalde, Texas, ese el síntoma de la decadencia de un sistema definido por el contubernio entre intereses económicos y el poder político. Más del 30 por ciento de los estadounidenses posee armas de fuego y para un sector importante de la población la posesión de éstas está directamente vinculada con las nociones de libertad y derechos civiles.

                Sin embargo, de acuerdo con el Pew Research Center, casi la totalidad de estadounidenses, incluidos aquellos que poseen armas y viven en comunidades profundamente conservadoras, apoyan algunas de las reformas que podrían reducir significativamente el número de masacres en ese país. Por ejemplo, el 93 por ciento de aquellos que poseen armas, y el 95 por ciento del resto de la población. aprueban la verificación de antecedentes de los compradores de armas; 89 por ciento de ambos grupos está de acuerdo con promulgar leyes que prohíban la venta de armas a personas con problemas de salud mental; e incluso, el 67 por ciento de la población armada está de acuerdo en prohibir aditamentos para convertir armas semiautomáticas en automáticas.

                Es decir que, a pesar de lo que se cree, no se trata de una lucha entre Demócratas y Republicanos o de unos estados rojos contra otros estados azules, sino del control del Lobby del armamento, una de las industrias más exitosas en Estados Unidos, tiene sobre la totalidad del partido Republicano. Aun más irónico, resulta que el funcionamiento de este contubernio de este sistema lo conocemos todos. El Lobby financia las campañas de los republicanos (y algunas demócratas) en todos los niveles de gobierno a cambio de una parálisis absoluta en la regulación de armas de fuego. El Lobby del armamento, además, invierte millones de dólares al año para manipular a la población.

Como lo demuestran los datos que menciono arriba, la gran mayoría de la población estadounidense, cuando expresa su opinión sobre políticas específicas, parece apoyar nuevas restricciones en el tipo de armamento a la venta y, aun con más ímpetu, al tipo de personas que pueden adquirir un arma de fuego.

La estrategia del Lobby es, entonces, tratar de transformar el debate sobre prohibiciones específicas en uno sobre el derecho, establecido de manera ambigua en la Constitución estadounidense, a comprar armas de fuego.

Con cientos de voceros en el partido Republicano y en los medios conservadores, masacre tras masacre, el lobby del armamento ha logrado convencer a los portadores de armas, y a un sector significativo de los votantes republicanos, que cualquier reforma al sistema, sin importar cuál sea, es sinónimo a la prohibición general a portar armas.

El mensaje resuena con particular fuerza entre la población escéptica y a veces antagónica al papel del Estado en la sociedad convirtiéndose éste en una discusión sobre libertades individuales y no sobre métodos de sentido común para detener masacres.

Hasta el momento un callejón sin salida”.

               Únicamente como complemento:

1°           Ha quedado demostrado que las fuerzas policiales del condado-población llegaron tarde, que carecían de preparación para eventos de esta naturaleza y que tuvieron miedo.

2°           Llegaron cerca de 40 minutos tarde.

3°           Que, además, descuidaban las llamadas redes sociales, pue el joven asesino había informado con suficiente anticipación que preparaba un ataque.

4°           Que el lenguaje utilizado era y fue suficientemente indicativo de los disturbios mentales, además del rencor y resentimiento contra la población escolar.

5°           Curiosamente ningún medio ha informado sobre su núcleo familiar y sus condiciones de estabilidad, ni de sus antecedentes escolares.

Ahora, cualquier cosa que se diga y se haga, ya es demasiado tarde.    

                Este hecho, terrible y lamentablemente, genera surgimiento de imitación, escuela, no únicamente en Estados Unidos sino en todo el mundo.