El señor Andrés Manuel López Obrador, está divirtiendo, distrayendo a toda la sociedad nacional; una de sus finalidades es permanecer en los Medios de comunicación y comunicar su imagen de entusiasta servidor de la nación y, además de Gran Transformador del país: darle sentido a su ícono: la 4T.
A través de la secretaria de educación pública, Delfina Gómez y de Marx Arriaga anunciaron la transformación de la Educación Básica y de los libros de texto gratuito.
Su narrativa habla de eliminar la educación neoliberal, patriarcal, racista clasista, meritocrática, punitiva, eurocéntrica, colonial – ¡Qué lo demuestre! – Y no habrá ni exámenes, ni grados – ahora serán Fases -, los alumnos se calificarán ellos mismos y los maestros no estarán obligados a seguir los Planes y Programas de Estudios.
Según Marx Arriaga, mezcla de Joseph Goebbels y López Gatell: en 3 años se ha hecho una reingeniería de la SEP – que estaba burocratizada y deshumanizada -, se está armando proyecto para convertir a los maestros en líderes sociales y no reproductores del neoliberalismo. (En relación con el contenido de los libros de texto) El nuevo modelo educativo preparará a los alumnos para compartir – Compartir, ¿qué? – no para competir.
La administración lopezobradorista entró a la curva de la recta final de su periodo sexenal y está hablando de cambios y transformaciones en el sistema educativo nacional, específicamente en Educación Básica, pero no dice cómo y con quién.
En su verborrea y prédica doctrinaria muestran que están, como los fascistas y nazistas: fuera de la realidad. Están en el poder totalitario y que en el gobierno=poder son omniscientes, omnipotentes y omnipresentes.
Nuestros servicios educativos, igual que nuestra sociedad, es bastante desigual y con estas reformas que utilizan lemas de hace más de 200 años -, difícilmente podrán, tanto alumnos como docentes, y sociedad, avanzar un poco para disminuir las desigualdades.
El criterio democrático – considerándola no únicamente como estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo – de nuestra educación impartida-ofrecida o no por el Estado dejará de cumplirse, porque en el fondo, aunque no lo exprese, implica competencia.
Poco antes de la crisis generada por la pandemia, nuestros adolescentes, de conformidad con los resultados de la pruebas PISA (de la OCDE), PLANEA y ENLACE, mostraron serias deficiencias en comprensión de la lectura, matemáticas y ciencias; en esta administración federal no se autorizó su aplicación; así que se carece de datos para ofrecer reflexiones, pero en las últimas aplicaciones en los miembros de esta organización, sus resultados colocaban a nuestros adolescentes en lugares muy cercanos a los países más rezagados de sus 39 miembros.
El carecer de esa información para comparar y con las decisiones del trabajo académico en línea y/o por televisión, investigadores de instituciones públicas y privadas vinculadas con la investigación educativa afirman que en nuestra población escolar que cursa educación Básica existe un rezago de hasta 3 años.
Si esos funcionarios les dan forma a sus prédicas ideológicas nuestro sistema y servicios educativos sufrirán un desastre, un colapso.
En países y sociedades como el nuestro, y la nuestra, fue positivo que el Estado normara, dirigiera y sostuviera la Educación; si no hubiera sido así, el país no sería lo que es ni tendría la forma actual.
En algún momento esa evolución social fue detenida. El cambio social manifiesto ya no tuvo el mismo empuje, dinámica y sentido que llevaba desde el boom de las escuelas primarias, secundarias, preparatoria-bachilleratos, tecnológicos, universidades e instituciones formadoras de docentes.
Después, quienes tuvieron en sus manos nuestra Educación y los servicios educativos, no sabían lo que tenían, ni para qué servían. Todo eso se pervirtió y descompuso.
Por considera su información veraz y cercana a la realidad sobre las condiciones de nuestros alumnos de educación Básica, transcribiré casi completa, colaboración de Bibiana Belsasso, publicada en diario La Razón, en su edición del 10 del presente, en su columna Bajo la Sospecha.
Hoy día de las madres, vamos a hablar de los hijos. Algo está muy mal con la educación en México, que cuando nos comparamos con otros países, nos llevan años de ventaja.
“Vamos con los datos duros que tenemos, por ejemplo, un niño de China, de 9 años tiene el mimo nivel educativo que uno de 15 años en México. Y esto es antes de la pandemia, en donde expertos aseguran que ahora México está todavía 3 años por debajo que el promedio de otros países.
La pandemia en México y la forma en que se ha llevado la educación ha afectado terriblemente el nivel educativo de los niños sobre en las zonas de mayor marginación, donde no se cuenta con lo indispensable para poder tener clases por medio del Internet.
En algunas partes del país toman clases por televisión y las evaluaciones son muy deficientes.
Hoy, con las nuevas tecnologías, estos niños, cuando entren al mercado laboral, no van
a competir con sus compañeros de clases; hoy, para muchos, cualquier empresa internacional puede contratar trabajadores de todo el mundo y que hagan el trabajo en forma remota.
¿A quién van a contratar, por ejemplo, a un niño chino o de cualquier otro país que está perfectamente bien preparado y hablando varios idiomas, o a cualquier estudiante que esté muy por debajo del promedio?
Con el nuevo plan educativo que está proponiendo la SEP, no se le da mínima importancia en preparar a estos niños para un mundo competitivo, en el cual, nos guste o no nos guste, vivimos. No viendo la posibilidad que estos estudiantes, sobre todo lo de educación pública, tengan un mejor futuro y una movilidad social que les permia tener una mejor calidad de vida. Se le está dando prioridad a las ciencias sociales, de alguna manera “adoctrinar”.
Voy a darles algunos datos que nos deben de preocupar, y mucho, sobre el futuro de los niños y niñas mexicanas, en el mundo globalizado en el que vivimos, en donde las evaluaciones escolares, como la prueba PISA, realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), son un reflejo de lo que ocurre en la educación a nivel básico, en el caso de México los resultados no han sido favorables.
A diferencia de otras evaluaciones, PISA considerada la prueba más importante a nivel internacional, no sólo mide conocimientos, sino las capacidades de los jóvenes de 15 años para seguir aprendiendo. Se realiza cada tres años y nuestro país participa desde el año 2000.
China tuvo los mejores resultados en la má reciente prueba del 2018 en los tres rubros: lectura, matemáticas y ciencias; incluso desplazó a su vecino asiático de Singapur.
Los alumnos mexicanos en la prueba PISA de 2018 obtuvieron 420 puntos en lectura, ni siquiera alcanzaron el promedio establecido por la OCDE, que era de 487 puntos; por ello, nos colocaron, en esa ocasión, en el lugar 53, mientras que China tuvo 455, incluso su 10% inferior mostró una capacidad lectora superior a la media de países de la OCDE.
Es decir, la diferencia entre México y el gigante asiático fue de 135 puntos, debido a que es un país que cuenta con un riguroso sistema educativo, de formación, desde los primeros años, con más de 55 horas semanales de estudio, sumando aulas y casa, muy por delante de las 44 de la media de la OCDE.
Aquí, un alumno toma clases de forma regular 20 horas a la semana. Si se toma como base el supuesto de 200 días de clases, se imparten un total de 800 horas al año. Esto es en el mejor de los casos.
Los resultados PISA dieron a conocer que los estudiantes mexicanos tienen dificultades en los aspectos básicos de la lectura, lo que es preocupante.
Según la OCDE, los resultados sugieren que uno de cada cuatro estudiantes de los 36 países miembros de la organización, no puede completar las tareas más básicas de lectura, un problema que es todavía mayor en el llamado mundo del desarrollo.
En matemáticas los alumnos chinos obtuvieron 591 puntos, por encima de los países como Canadá y Finlandia, mientras que México logró 409, ni siquiera alcanzaron el promedio de la OCDE, que era de 489, por ello mismo, mientras China quedó en primer lugar, en este rubro, nosotros quedamos en el lugar 61.
En Ciencias se repitió la historia, al obtener 419 puntos de 590 de los países de Asía, no sólo China, también Singapur, Macao y Hong Kong.
A nivel regional, de acuerdo con la OCDE, ningún país de América Latina logró alcanzar el promedio establecido por el organismo, pues todos obtuvieron en los tres rubros puntos por debajo de los 487 que establece el organismo. Sólo Chile logró encabezar la lista de la región, pero sin alcanzar esa media.
Pero la prueba de hace seis años tampoco no favoreció; en esa ocasión, Singapur encabezó lo resultados, seguido de Japón y Estonia, mostrando puntuaciones por encima del promedio estipulado por la OCDE.
En ciencias, Singapur obtuvo 556 puntos, mientras que México obtuvo 416, cuando el promedio para este rubro era 493.
En cuando a lectura, México obtuvo 423 puntos, es decir, 70 puntos menos que el promedio. La prueba PISA de 2012 demostró que región asiática cuenta con un nivel educativo básico por encima de países europeos, pues la lista la encabezó China, Singapur y Hong Kong.
China obtuvo resultados en matemáticas de 613 puntos, por 570 de lectura y 580 en ciencias. Mientras que México no llegó ni al promedio de la OCDE de 490 puntos, pues en matemáticas obtuvo 413, en lectura, 424 y en ciencias, 415.
De hecho, en estos tres periodos comparados México ha descendido lugares en lectura, pues en 2012 obtuvimos 424 puntos y en la prueba PISA más reciente de 2018 bajamos a 420; mientras que, en matemáticas, de 413 puntos descendimos a409. Si se hace la siguiente prueba, sin duda saldremos muy mal”.
En México, en una década de la aplicación de la prueba PISA, se observa la problemática de rezagos en los tres rubros: lectura, matemáticas y ciencias.
Ahora está por realizarse esta nueva evaluación, pero se hace en un contexto mucho más complejo y después de la pandemia. Las matrículas reflejan parte de las afectaciones por la falta de clases presenciales. De acuerdo con el INEGI, en el periodo 20220-2021, poco más de 5 millones de jóvenes no se inscribieron a la escuela.
México debe participar en esta evaluación, se supone que lo hará, pero también con este nuevo modelo educativo se podría perder la oportunidad de mantener evaluaciones como la prueba PISA.
No quieren que se haga esta prueba u otras porque con la pandemia los alumnos mexicanos están muy mal preparados y no se quiere demostrar la realidad del país.
Un México para los niños y niñas donde las autoridades privilegian la ideología a la preparación académica competitiva.























