Es sumamente lamentable la pérdida de vidas humanas en el ejercicio, y al servicio, de la administración en cualquier nivel que sea, pero es mucho más lamentable que el deceso sea producto de errores humanos, mecánico o por el perverso actuar delictivo. Viene esto a cuento por la pérdida de la vida de Francisco Blake, en funciones de secretario de Gobernación, Federal – acompañado de varios servidores públicos y de quienes lo resguardaban y  los servidores de la aeronave que se desplomó a tierra -.

Y estas dos administraciones federales albiazules están marcadas por el destino, mal destino, mala suerte y curiosamente es en las áreas en las cuales debe darse una precisión y cuidado extralimitados, más allá del 100%: Gobernación Federal – que con Secretaría de la Defensa y Presidencia de la República, forman el triángulo en donde descansa la administración pública Federal – y es curiosamente paradójico, que en tres accidentes aeronáuticos han estado involucrados personal y  funcionarios responsables del área de seguridad, de seguridad y los estudios quedó en evidencias fallas en ese sector …


Pero debe llamar más la curiosidad, el prurito crítico que en esta administración, dos de sus cinco secretarios de gobernación hubieran fallecidos en sendos accidentes aeronáuticos: Juan Camilo Mouriñho  y Francisco Blake, los dos muy jóvenes, tanto para el cargo como para las responsabilidades.

Otra cosa curiosa – y que no se veía muy a menudo en el pasado reciente –: las ceremonias luctuosas: el señor presidente abrió la llave del sentimiento y lo hizo muy personal; algo que seguramente fue aceptado por toda la sociedad nacional y lo aceptó fue el tono que tomaron las ceremonias, personales, fraternales y en eso está el detalle. Si el asunto fuera de amigos, de familia, de cuates… todo muy bien, pero eran actos oficiales y el presidente de la República debe mostrase sereno… las cuestiones personales son y deben ser en privado. Solo eso, sin más calificativos.

Debe llamar a reflexión que en la secretaría de Gobernación hayan desfilado, hasta  el momento cinco secretarios de Estado: Francisco Hernández Acuña, su destapador; Santiago Creel Miranda, Juan Camilo Mouriñho – Deceso en servicio -, Fernando Gómez Mont y Francisco Blake – fallecido en  servicio -, más el nuevo que está por designar. Si bien dos movimientos  lo determinaron las inesperadas muertes de sus titulares,  se nota, es visible una carencia de unidad  y  de  congruencia en la línea política en una de las secretarías de Estado que deben mostrar mayor solidez y seriedad, así como congruencia  e identificación con la política de la Presidencia de la República.

Mala suerte para estas administraciones, pero hay de mala suerte a mala suerte, porque las más malas son las de las magnas devaluaciones y agudas e intensas  crisis económicas. Y estas no son el caso.