Ayer traje todo el dÃa, como una voz en off, la tonadita (pegajosa y populista) del anuncio televisivo de Morena. La pelÃcula pre-electoral que vimos ayer traÃa un soundtrack espantoso que, obligatoriamente, devino en un dolor de cabeza como un taladrito que no dejaba de perforarme la cabeza y me repetÃa constantemente (también en voz en off) “¿de verdad, neta que Andrés Manuel será el candidato de una izquierda cansada y casi inexistente en las próximas elecciones del 2012?”.
Debemos aceptar, nos guste o no, que Andrés Manuel ha sido, es, y será un personaje importante en la polÃtica de nuestro paÃs. No podemos olvidar que hace casi ocho años tenÃa al paÃs en sus manos. México, o por lo menos un sector de México muy grande, los desfavorecidos, el pueblo, los pobres como él los llama, estaban con el y creÃan en él. No debemos olvidar que desarrolló un Proyecto Alternativo de Nación muy completo, y que, en principio, nadie podÃa negar (a excepción de la gente del dinero, también como él los llama) que era muy bueno y que proponÃa una nación basada en la justicia y el progreso (entendiendo a cabalidad el término progreso). Tampoco podemos olvidar que él fue el único polÃtico presidenciable, en más de 70 años, que antepuso los intereses del pueblo mexicano por encima de los intereses de las clases sociales que ostentan el poder polÃtico y económico. Después vinieron las elecciones del 2006 en las que él asegura hubo un fraude que le impidió ocupar la silla presidencial estos últimos casi seis años. Tampoco nadie puede negar que, una vez perdidas las elecciones, Andrés enloqueció completamente. En una muestra clara de odio al sistema, intolerancia y carencia absoluta de constitucionalidad, se autoproclamó presidente legÃtimo de México, paralizó el centro histórico del Distrito Federal en un plantón completamente sin sentido y que se auto-consumió hasta rayar en la ridiculez, y hasta se inventó nuevos sÃmbolos patrios. Después se esfumó y dicen, porque nadie lo vio, dejó de ser noticia, que se dedicó al trabajo hormiga y a recuperar sus bases ya dispersas y escépticas por todo el paÃs. Todos saben lo que pasó en 2006 aunque nadie tiene certeza de nada, todos fuimos testigos del espectáculo, como de circo o Laura en América, que fueron las elecciones del 2006. Todos lo sabemos pero no debemos de olvidar quién es Andrés Manuel López Obrador: un personaje ambiguo, unas veces impulsivo y en otras brillantemente calculador y mesurado, incluyente con las mayorÃas (los pobres) y excluyente con las minorÃas (los del dinero), excelente gobernador de Tabasco y Jefe del Gobierno del D.F. pero pésimo presidente legÃtimo.
El martes, después de que se dieran a conocer los datos de dos encuestas realizadas por las empresas Nodo y Covarrubias y asociados (reporte completo abajo) con las cuáles se definió que AMLO será el candidato de la izquierda mexicana.
Enseguida, se presentó con una cara completamente nueva que nadie le conocÃa, hasta más joven se veÃa. Del rencor y el odio pasó al amor y a la tolerancia. Como si un gurú le hubiera iniciado en las artes mÃsticas se presenta con un aura new age socialdemócrata hablando de valores morales, de amor, de espiritualidad y de trascender los valores materiales; como si deseara realizar toda su obra (o por lo menos ser presidente, ahora sà legÃtimo) antes de que las profecÃas mayas se cumplan y el mundo se acabe, o cambie, o todo siga igual. Ahora nos toca a nosotros ser testigos partÃcipes de los actos de Andrés Manuel. Nos corresponde a nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, observar y sacar nuestras propias conclusiones. ¿Es esta nueva faceta de Andrés Manuel el resultado de una madurez polÃtica encaminada a la ejecución del Proyecto Alternativo de Nación a través de la paz, la tolerancia, la justicia y el respeto, o es una nueva estrategia (o acto circense) con fines mediáticos, populistas y mainstreameros?
























