Hay un mito psicológico muy extendido que dice que es mejor expresar el coraje que guardarlo; y para sacarlo se han inventado un montón de técnicas disque terapéuticas, tales como golpear una almohada o bien usar un bate de plástico para con ello darle de batazos, simbólicamente, a la persona odiada (66% de estudiantes de PsicologÃa creÃan que semejantes técnicas era un medio efectivo de reducir la agresividad).
Tal idea es viejÃsima, proviene nada menos que de Aristóteles, quien dijo en su libro “Poética”, que ir a ver obras de teatro trágicas servirÃa para purgar nuestras propias experiencias negativas. A esto le llamó catarsis. Término que volvió a utilizar Sigmund Freud, quien creÃa que no expresar la furia nos ponÃa en una situación semejante a la de una olla express que si no dejaba salir la presión iba a terminar estallando. Para Freud la manera de bajarle a la presión era hablando de esos sentimientos negativos e irlos liberando de manera controlada.
Este es un mito que ha sido reforzado tanto por pelÃculas como por novelas. Asà tenemos la novela de “El extraño caso del dr. Jekyll y mr. Hyde” o, más recientemente, “Hule”, una especie de superhéroe que se apodera de Bruce Banner cuando este se enoja. La idea también es explotada en pelÃculas tales como “Network”, “Anger management” (locos de ira) o “Analyze this” (analÃzame). Los ejemplos se pueden multiplicar y a estas alturas creemos realmente que dentro de nosotros hay un monstruo enojado que está esperando la menor oportunidad para salir.
DIZQUE PSICOTERAPIA
En PsicologÃa, son legión las propuestas terapéuticas para el manejo de la ira basados en la idea de la catarsis. Entre las más peculiares encontramos la terapia primaria, mejor conocida como la terapia del grito primario (chéquense este video para que vean que chocante es: http://www.youtube.com/watch?v=civI1gD0oIE). En ella se supone que los traumas de la infancia nos producen dolor emocional que debe ser descargado gritando como locos.
Hay otras técnicas supuestamente terapéuticas que son más bizarras aún. Tenemos la “destructoterapia” para aliviarse del estrés de la oficina, destruyendo carros viejos, demoliendo edificios, en fin, rompiendo montones de cosas. O la aullidoterapia, que como su nombre indica se la pasan aullando como método de alivio emocional.
Ha habido multitud de libros de autoayuda que recomiendan diferentes cosas para expresar nuestro coraje. John Lee sugiere que en vez de almacenar un odio emponzoñador debemos de pegarle a una almohada, al mismo tiempo que maldecimos, gritamos, gemimos, aullamos, etcétera. Y si tenemos odio en particular sobre alguien, entonces debemos de imaginarnos su cara en la almohada y a pegarle con todo.
Otros sugieren que para liberarnos de nuestras frustraciones, resentimientos, heridas y hostilidades, lo que debemos de hacer es sacarlo todo con un enorme grito que nos salga de lo más recóndito de nuestras entrañas.
Pero si todo esto no es suficiente, se han inventado juguetes que les pueden ayudar a expresar su ira. ¿Quién no conoce las famosas “bolas para el estrés”? Pero para poner sólo un ejemplo, hay un pollo que se puede estrangular llamado “Choker Chicken”, al que uno le puede apretar el cuello y hace cosas chistosas (vean un video aquÃ: http://www.youtube.com/watch?v=OM7O8pKBncg&feature=related). Hay varios juguetes más, pero sólo les paso la siguiente dirección donde pueden ver algunos juguetes para picarlos o apretarlos, que pueden estar dirigidos a personajes tan odiosos como los jefes del trabajo o bien los referee de las peleas de box (http://www.baronbob.com/shopping-gotstress.htm).
LAS PRUEBAS EN CONTRA
Pero bueno, basta de bromear con ellos y vayamos a las pruebas cientÃficas. Cuarenta años de investigación sobre este asunto nos dicen que si expresamos una emoción hacia una persona directamente, o bien hacia un objeto sustituto, no sólo no nos quita ese sentimiento si no que lo aumenta. Es decir, que si expresamos odio vamos a odiar más; que si chillamos vamos a hacernos más depresivos y asà sucesivamente.
En 1959 se puso a personas a clavar clavos después de habérseles insultado, pero en vez de sentirse aliviados, terminaron sintiéndose con más ganas de pelear. Más adelante se puso a sujetos a jugar juegos agresivos, como futbol americano, cuyos resultados fueron un incremento de la agresividad y no una disminución de la misma.
También se han usado videojuegos para ver si asà se aliviaba a las personas del estrés. Uno de los que se ha usado se llama “Manhunter” (cazador de hombres), el cual terminó incrementando la violencia de sus sujetos no sólo en el laboratorio en que se realizó el estudio, sino también en su vida diaria.
En otro estudio, a los participantes se les dieron a leer artÃculos de periódico que aseguraban que actuar agresivamente era una buena manera de reducir el coraje y después se les puso a pegarles a una bolsa. Después de eso se les dio una retroalimentación crÃtica de un ensayo suyo, diciéndoles cosas como “este es el peor ensayo que he leÃdo en toda mi vida”. Contrario a lo que asegura la idea de la catarsis, el haberle pegado a la bolsa no ayudó en nada a ser menos agresivos en respuesta a la crÃtica de su ensayo; de hecho se comportaron más agresivos.
Entonces ¿Qué es lo que se debe hacer para manejar el coraje? La investigación sugiere que para que la expresión de la rabia sea efectiva, debe diseñarse además una estrategia de solución de problemas que tenga un acercamiento constructivo del problema. Por ejemplo, si estamos muy molestos porque nuestra pareja diario llega tarde a las citas, la solución no consiste en gritarle, sino en decirle asertivamente nuestro resentimiento.
¿Por qué a pesar de la evidencia en contra este mito subsiste? Pues porque este es un ejemplo de la falacia conocida como “post hoc, ergo propter hoc”, la cual afirma que si un acontecimiento sucede después de otro, entonces el segundo es consecuencia del primero. AsÃ, es cierto que expresar el coraje en un arrebato de rabia causa un alivio temporal, pero lo que uno no se da cuenta es que termina reforzando la ira y no eliminándola. Por lo tanto, se atribuye incorrectamente el alivio causado por la expresión de la ira a la catarsis, más que ligar la expresión del coraje con el aumento de la violencia.
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* Departamento de Neurociencias, Universidad de Guadalajara.
























