El pasado domingo fue 20 de noviembre y en todo el país, de un extremo a otro, de península península en un país conforma de sirena, y de un mar a otro, se festejó y se conmemoró un a aniversario más – el CI, centésimo primero- del movimiento social más importante en el siglo XX para nuestro país: La Revolución Mexicana.

Movimiento social iniciado, y convocado, por Don Francisco I. Madero, que con el lema Sufragio Efectivo. No Reelección sublevó a la sociedad mexicana para evitar una reelección más del viejo dictador Porfirio Díaz, quien con mano férrea, aunque senil, conservaba el poder Ejecutivo tras 32 años de ser el Ejecutivo Federal, el caudillo, presidente y Hombre Fuerte. Francisco I. Madero escribió un libro – La Sucesión Presidencial, que como ahora copian Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, difundió en la parte del territorio nacional tenía ferrocarriles y caminos en buen estado y en los periódicos de ese tiempo -. El Movimiento inició dos días antes del día prefijado por Madero, debido a una indiscreción sobre la familia de Aquiles Serdán, que secundaba el plan y se levantaría en armas en la conventual Puebla, pero al conocerse su intención, su mansión fue asediada por tropas del gobierno – jefe político del estado de Puebla –; murió, junto con su familia, en ese hecho de armas, previo a la Revolución: 18 de noviembre de 1910.


La Revolución, el movimiento social triunfó, por transacción que permitió la salida del anciano dictador, mas no hubiera sido una Revolución como lo fue, si Francisco I. Madero, presidente electo y su vicepresidente, José maría Pino Suárez, no hubieran sido depuestos y pasado por las armas el 22 de febrero de 1913, dirigió el golpe de Estado, el general Victoriano Huerta, quien con la complicidad de varios militares, diputados y el embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, mediante el Pacto de la Embajada, asumió el poder Ejecutivo y con ese hecho, se inició, realmente, al Revolución Mexicana, porque el movimiento social por recuperar la legalidad, manifestó deseos y sueños de las clases sociales que ofrecieron el máximo sacrificio personal por reivindicaciones para él, sus descendientes y su clase social y que, al triunfo del movimiento de La Revolución Mexicana, quedaron plasmados en artículos constitucionales que constituyeron garantías sociales, garantías individuales, ahora derechos humanos y que le configuraron contenido social a nuestro máximo órgano legislativo: la Constitución Política del 5 de febrero de 1917.

La pacificación del país se llevó más de 10 buenos años, que coincidieron con el nacimiento del partido nacional revolucionario, que al transformarse en partido de la revolución mexicana y partido revolucionario institucional, y a partir de 1929 comenzó la institucionalización de la Revolución Mexicana, que alcanzó el poder Ejecutivo y lo mantuvo por un poco más de 70 años, hasta 2000, con el arribo, legal y constitucional, de Vicente Fox, candidato triunfante del partido Acción Nacional. En ese tiempo, el Estado era el eje de la vida nacional. Ahora es un testigo; el mercado lo es todo.

Con los gobiernos surgidos del PRI – y sus antecesores – se le configuró el esqueleto, órganos, aparatos y sistemas, así como la piel, del actual Estado mexicano a revolución mexicana; al término del siglo XX nuestra sociedad aun tenía carencias y condiciones de desarrollo en el umbral del rezago, pero la mayoría de la sociedad, positivamente, había cambiado; afirmar que la Revolución Mexicana fracasó es una perversa e intencional mentira: No se realizó una evaluación real de sus resultados y se inició en el 1882, con Miguel de la Madrid, el cambio hacia el sistema- formato que ahora tenemos, en donde el Estado ya no es el centro ni de la sociedad ni del gobierno. En este aniversario, como en los diez anteriores, el titular del Ejecutivo federal no es presidente emanado de la Revolución Mexicana, por eso el festejo, la conmemoración fue burocrática, sin pena ni gloria.