Suceden momentos en la historia del mundo, de las naciones, de las familias, que cambian todo y desde ese momento, la vida ya no vuelve a ser la misma.

                Como ejemplos, el asesinato del emperador austriaco Francisco de Habsburgo, que desencadenó la Primera Gran Guerra Mundial.

                La Invasión de Polonia por el Ejército nazi – alemán que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

                La explosión en Hiroshima y Nagasaki, en Japón, que desencadenó la carrera por la supremacía de del dominio del átomo y, particularmente, colocó las condiciones para el término de la guerra norteamericana japonesa, en agosto de 1945.

                El lanzamiento del Sputnik, por Rusia que desencadenó la guerra por el dominio del espacio.

                El alunizaje de Gleen  XXXXXXXX y la primera caminata lunar pro el astronauta Neil Armostrong.

                En nuestro país, el asesinato de Francisco I. Madero y José Ma. Pino Suárez, el ascenso de Victoriano Huerta.

                El <atentado, en el restaurante La Bombilla contra el presidente Electo, Gral. Álvaro Obregón.

La expulsión del expresidente Plutarco Elías Calles, Luis N. Morones  y su grupo.

                Más recientemente, el atentado en Lomas Taurinas, Tijuana, Baja  California, del Candidato por el partido revolucionario institucional  a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, a las 17.12 minutos del día 23 de marzo de 1994, fue un hecho, que no únicamente cambió todo, sino que puso muchas cosas pata arriba, sobre todo la política y como en nuestro país todo se basa en la política, todo, pero todo cambió.

                Ni los partidos ni la política ni las reglas de la competencia, ni las prácticas políticas fueron las mismas.

                A poco más de 28 años de ese suceso, casi una generación, aunque existe un detenido, aun persisten más dudas que certezas.

                Lo más seguro es que jamás se sabrá la verdad y la realidad y sea en la política de los sótanos de la política nacional, un secreto de Estado y jamás se sepa la verdad y en realidad, en este momento de nuestra vida, poco importa quién lo asesinó, qué móviles hubo-tuvo y si existieron autores intelectuales y patrocinadores.