Estamos en un final de sexenio nunca antes visto. El régimen de Felipe Calderón está a menos de trece meses de concluir, sin ganar la lucha contra los narcotraficantes, sin hacer realidad la promesa de campaña respecto a la creación de empleos, sin haber conjuntado un gabinete de primera lÃnea y de paso sin el hombre que realmente sea el responsable de la polÃtica interior, como está señalado en la legislación de la administración pública, es decir sin un segundo de abordo que conozca, que concilie, que imponga autoridad y resuelva los problemas nacionales.
Ese colaborador que sigue ausente en el gabinete es precisamente el que ocupe el cargo de Secretario de Gobernación. Se requiere a un polÃtico con la suficiente experiencia para el manejo de los asuntos legislativos, para la relación con los gobernadores, los senadores, los diputados federales y locales, con los lÃderes sindicales, con los empresarios, con los industriales, sin olvidarse a los presidentes municipales de las grandes ciudades y ni qué decir de los dirigentes de los partidos, grupos, organización y asociaciones polÃticas que abundan.
Desde la semana pasada quedó al frente de esa secretarÃa el doctor Alejandro Poiré Romero. Un amigo de toda la confianza del Presidente de la República. Su curriculum lo presenta como un enterado de lo que es la SecretarÃa de Gobernación, pero él qué tanta autoridad polÃtica tiene para enfrentar la intrincada sucesión presidencial. Sobre todo su jefe, el Presidente de México, no le permitirá actuar con la libertad que se requiere.
En el historial de esta secretarÃa encontramos muchas altas y bajas, sobre todo en el siglo XX y particularmente a partir de los gobiernos sexenales, cuando se dejó sentir el poder polÃtico del Secretario de Gobernación, considerándolo, sin que estuviera contenido en ninguna reglamentación o legislación, como el “Jefe del Gabineteâ€. Sus decisiones, previa consulta con el Jefe del Ejecutivo Federal, no eran rebatibles y no precisamente por autoritarismo como se proclama hoy sino porque eran las disposiciones adecuadas para solucionar los problemas.
Hombres de esa estatura lo fueron sucesivamente los veracruzanos Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines, el poblano Gustavo DÃaz Ordaz y el defeño Luis EcheverrÃa Ãlvarez. Alemán lo fue con el general Manuel Ãvila Camacho, Ruiz Cortines con Alemán, don Gustavo con el licenciado Adolfo López Mateos y EcheverrÃa con DÃaz Ordaz. Cada uno de ellos se significó en su mandato. Los primeros cuatro llegaron a Presidentes de la República. Con ellos colaboraron, como secretarios de Gobernación, dos fuertes aspirantes presidenciales, don Ãngel Carvajal Bernal y Mario Moya Palencia.
Posteriormente destacaron en esa dependencia el poblando Manuel Bartlett DÃaz, en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado y también figuró como precandidato presidencial. Hombre enérgico y de una lÃnea incorruptible. Cuestionado como todos los arriba mencionados, por diferentes motivos. El otro fue el veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios, era gobernador de su entidad natal y Carlos Salinas de Gortari lo integró al gabinete. Don Fernando sabÃa de polÃtica y conocÃa la historia de los hombres de la vida pública, no sólo de los polÃticos.
Don Fernando no concluyó el sexenio. Empezó la pérdida de poder del Secretario de Gobernación. Salinas de Gortari mantuvo un poder absoluto hasta el último dÃa de su gobierno, poder que mantiene en este 2011. Después de Gutiérrez Barrios nombró al chiapaneco José Patrocinio González Garrido y tras breve lapso lo sustituyó por el universitario Jorge Carpizo McGregor. A los dos les quedó grande la silla.
Ernesto Zedillo comenzó su sexenio designando en la SecretarÃa de Gobernación a un joven sin mayores atributos para ser el titular y pronto lo cesó. Ernesto Moctezuma Barragán entregó la estafeta a Emilio Chuayffet Chemor, quien se desempeñaba como gobernador del Estado de México. El mexiquense a pesar de su madurez polÃtica no convenció a su jefe y éste llamó a Francisco Labastida Ochoa y terminó el sexenio el priista y hoy panista Diódoro Carrasco Altamirano.
Los cambios que se dan en una secretarÃa, en la lÃnea del gabinete presidencial, unas veces significa que el titular avanza pero cuando se suceden más de dos cambios, algo anda mal y la dependencia no funciona. Baste recordar a don José López Portillo y Pacheco que rechazaba lo agrario y tuvo cuatro secretarios de Reforma Agraria: Jorge Rojo Lugo, Antonio Toledo Corro, Javier GarcÃa Paniagua y Gustavo Carvajal.
El siglo XXI nos trajo muchas sorpresas, la primera fue la salida del PRI de Los Pinos. Vicente Fox Quesada enfiló en Gobernación a don Santiago Creel Miranda, lo hizo precandidato presidencial y perdió; hoy anda ese mismo personaje en busca de la candidatura. Entró en su lugar Carlos Abascal Carranza, de triste recuerdo como funcionario. Tampoco ambos tuvieron personalidad y poder polÃtico propio. El perÃodo 2006-2011 ya registra cinco secretarios de Gobernación y dos Encargados del Despacho. El infortunio cayó sobre dos jóvenes y la desaprobación presidencial en dos hombres maduros. Los dos Encargados son: el jalisciense Abraham Kunio González Uyeda y Juan Marcos Gutiérrez González. Suerte para el cinco.            Â
Publicado en la Revista Gurú PolÃtico (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Periodista, articulista, comentarista en Radio y Televisión. Ha sido Jefe de Información y Director de Noticiarios de Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional; Magistrado Numerario Fundador Tribunal Superior Agrario; Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de México; Representante del Gobierno del Estado de México en el D.F.; Director del Centro de Estudios de Justicia Agraria “Doctor Sergio GarcÃa RamÃrez†del Tribunal Superior Agrario y Director periodÃstico de la Agencia Mexicana de Información (AMI). Autor del libro “Bob Kennedy y los Asesinos sin Caraâ€. 1968. Autor del libro “La Radio, El PRI y El Destapeâ€. 1988. [email protected]
























