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En muchos casos el alcohol se convierte en un “miembro” de convivencia familiar. En celebraciones como bodas, bautizos, graduaciones entre otros es concurrente ingerir bebidas alcohólicas. Considerar necesaria esta droga en los casos señalados puede ser mal ejemplo para nuestros hijos y más cuando eres visto bajo los efectos.
Al llegar la adolescencia, el alcohol se vuelve tentativo para los hijos, es una fase de la vida que quieren experimentar. Los especialistas dicen que esta experiencia forma parte del proceso de crecimiento, ya que la construcción de identidad en los adolescentes incluye muchas veces el probar hasta dónde llegan los límites.

Pero, ¿es bueno tomar con tus hijos? Esta cuestión hace referencia a la edad en la que puedes “echarte” una copita con él o, si es adecuado y las reacciones que puede tener a la larga.
En una entrevista con yoinfluyo.com, Verónica González, psicóloga de Red Familia señaló que definitivamente no es bueno tomar con los hijos, ya que los padres son un modelo a seguir, “en el momento en que los padres permitimos que tomen con nosotros prefiriendo a que tomen en la calle (justificándolos) estamos fomentando y aceptando que nuestro hijo tenga el permiso de que tome y a la larga le genere un problema”.
Si yo tomo con él una copa o una cerveza no necesariamente será alcohólico, sin embargo aumenta el riesgo de que en un futuro tenga mayores probabilidades de caer en el alcoholismo o tener otro tipo de adiciones” agregó.
Indicó que los principios y la educación se dan en casa, “los permisos y límites son esenciales para el crecimiento de los hijos y si le permites el consumo de alcohol a corta edad después será demasiado tarde para prohibírselo”.
Por otra parte, estudios marcan que el 68 por ciento de los adolescentes consumió alcohol por primera vez antes de los 15 años. En muchas ocasiones sucede por los padres que temen perder el control sobre sus hijos, debido a la creciente influencia que estos reciben del grupo de padres durante la adolescencia
“No se trata ni de incitar a los chicos a probar a edades tempranas, ni tampoco de volver ‘tabú’ el consumo de alcohol. Hay que pensar que a esa edad la mayoría no tiene muy claro lo que hace, no saben cómo situarse en el grupo, ni están seguros de hasta dónde pueden llegar. Sólo quieren ser aceptados por sus pares”, indica González.
Muchos padres entienden que no deben permitir estas conductas en sus hijos, pero por otro lado reconocen también haberlo hecho durante su adolescencia y que eso no los convirtió el alcohólico, por lo que suelen enfrentarse a la disyuntiva de minimizar el tema o enfrentarlo agresivamente.
Lo importante es saber tratar el tema con los hijos, no inducirlos pero tampoco limitarlos, ayudarlos con la etapa y convivir sanamente, sin excesos y demostrando confianza mutua percibiendo lo que quieren.