Las imágenes de los disturbios estudiantiles – normalistas de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos, establecida en Ayotzinapa, Gro. – fueron conocidas instantáneamente en todo el país y en buena parte del mundo.

                La violencia estudiantil, focalizada en la caseta de cobro de Palo Alto, de la llamada Autopista del Sol – México- Acapulco – que son, de hecho, conductas delictivas, ahí quedó: en la noticia, en el escándalo y …nada más.

                Se difundieron los datos numéricos: tantos heridos, tantos golpeados, tantos daños. A los grupos – tal como le llaman en Estados Unidos y en otras naciones – de terroristas urbanos poco les importa los daños que generan – los llamados daños colaterales y siendo los menos culpables y los menos responsables, son culpables por defender su derecho, que choca con la cerrazón gubernamental y, para completar este incivismo de las autoridades, el proteccionismo oficial hacia este segmento de terroristas urbanos, protegidos por la credencial de estudiante.

                Es grave que el Estado tenga miedo de utilizar el poder legítimo de la fuerza legítima que el voto mayoritario de la sociedad le entregó.

                Es sumamente grave que las instituciones autónomas defiendan únicamente a este grupo de terroristas y hagan a un lado su responsabilidad de velar y demandar el derecho de los ofendidos que, por los hechos, su delito y responsabilidad, así como la culpa es estar en el lugar y en el momento equivocados.

                En este caso – del viernes 4 del presente, a todos los estudiantes normalistas detenidos por la participación en estos actos, se les liberó por la actuación de la famosa CNDH, en lugar de defender los derechos de los usuarios de la autopista.

                Lo curioso fue que alguien del grupo de terroristas puso en marcha un tráiler y lo direccionó hacia los elementos de la Guardia Nacionales, deseando romper la cortina, desbloquear y agredir a los elementos – que cumplían órdenes y realizaban su trabajo -. No hubo detenidos ante este intento de asesinato.

Tal parece que la manifestación y el vandalismo, así como los actos terroristas, son derecho y propiedad de todos los terroristas estudiantiles y el Estado de Derecho no existe, ni para ellos ni para el gobierno.

Actitudes como éstas muestran que la República está herida de muerte. El incivismo del Estado es el peor de todos. Un Estado de Derecho que ya no tiene el valor de perseguir a quienes violan sus leyes porque teme complicaciones, abre el camino a la tiranía; y esto es tan cierto como que la paz a cualquier precio conduce a la guerra. La laxitud daña tanto a la libertad como al autoritarismo. Una policía impotente no puede o no se atreve a intervenir porque toda actuación=represión es considerada ilegítima. ¡Carajo!