Bastante se habló en todo el país y, presumiblemente en otros países y hasta habrá sido tópico de notoriedad en buenos días de este enero 22 que ya se fue, el inédito caso del cadáver de un infante – Tadeo -, encontrado en ¡reclusorio de la ciudad de México!

                Durante varios días este singular suceso estuvo en las primeras notas de los noticieros de radio y televisión y de espacios en las benditas y malditas redes sociales.

                Hasta que por fin las autoridades del sector de seguridad y de reclusorios y de justicia quisieron hacer caso – ¿sería por cansancio?

                Y lo encontrado, nada más, así, superficialmente, sin rascar y sin ahondar en más averiguaciones, indagaciones e investigaciones, es botón de muestra de ineficiencia, deshonestidad, ineficacia, corrupción, impunidad, etc., que pinta de cuerpo entero la administración, la gobernanza, la gobernabilidad, etc., etc.

                El cadáver tuvo-tiene nombre – Tadeo -; falleció por específicas razones y motivos todas en el ámbito de la legalidad; legalmente fue enterrado en cementerio de la ciudad de Puebla, viajó – enmaletado -, envuelto, en fin, cerca de 130 kilómetros y fue introducido a ese reclusorio en donde fue encontrado en un cesto-bote de basura en el penal.

                Ahora bien, así, simples interrogantes:

                ¿Cómo fue exhumado, sin que los trabajadores del cementerio no se enteraran?

                ¿Cómo fue posible que, sin ninguna llamada de atención, indicio – fragancia, bulto -saliera del cementerio?

                ¿Cómo fue posible que, durante el viaje, en ninguna etapa del trayecto su olor, aroma, pestilencia, no llamara la atención de nada, ni de nadie?

                ¿Cómo fue posible que pasara los filtros de revisión del penal?

                ¿Por qué los padres, familiares, aceptaron prestarse a ese juego macabro?

                ¿Qué hacen las áreas de vigilancia del penal y del cementerio involucrados?

                ¿Y los familiares del infante por qué no han dado la cara ni han dicho algo?

                Simple curiosidad: no existen más detalle sobre la supuesta investigación seria, formal. Todo este hecho es ejemplo cotidiano del estado que manifiesta-muestra nuestra administración pública – municipal, estatal y federal: nada, todo inercial. La persona o quienes afirman que, si Franz Kafka viviera, sería mexicano, no están equivocados ¡en nada! 

Realmente, México es un país kafkiano, surrealista.