Ayer domingo  se registró ante las instancias  del partido revolucionario institucional al ex gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, como su candidato de unidad  para contender por la titularidad del poder Ejecutivo Federal, de julio de 2012. La propuesta de registro la realizó Emilio Gamboa Patrón, Salinista  hasta la médula o partidistamente institucional – hombre del neoliberalismo -; sin ideas propias y  formado bajo la sombra de Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari: muy probablemente será el coordinador de la  campaña   presidencial.

Con él ya son dos los candidatos definidos  a la presidencia de la República: Andrés Manuel López Obrador, por la coalición de la llamada Izquierda (Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo y el antiguo Convergencia por la Democracia) y ahora el Partido Revolucionario Institucional, con la incorporación del Partido de la Nueva Alianza – PANAL de Elba Esther Gordillo Morales – y el Partido Verde Ecologista de México, con Enrique Peña Nieto. Solo falta la definición del partido en el poder, el PAN, que aun no deshoja la margarita y bien podría ser Ernesto Cordero o Josefina Vázquez Mota o, como no queriendo Santiago Creel Miranda, pero eso lo decidirá el Supremo Elector.

El PRI  durante 5 meses realizó consultas con  el Programa para México y, se dice, que recogieron el sentir de los mexicanos; producto de ese trabajo de alimentación social, que implica un compromiso de cambio en el rumbo de la política, al economía, el desarrollo social, en el manejo de los recursos naturales y en la política exterior; que para hacermejor política y construir gobernabilidad necesitamos nuevas instituciones y nuevos mecanismos de gobierno que sirvan a todos y no excluyan, que sean transparentes y rindan cuentas.

Enrique Peña Nieto, en su libro – al igual que Francisco I Madero –“México, la Gran Esperanza: Un estado eficaz para una democracia de resultados”, destaca que nuestro país tiene  un serio problema económico constituido por insuficiente crecimiento, baja recaudación, falta de infraestructura, baja productividad, poco crecimiento del comercio exterior y el peso de la informalidad – aparte de sus razones  y de que el 33% del empleo se debe a él – y para resolverlos propone  las siguientes estrategias: Abrir PEMEX a la inversión privada, pero sin perder rectoría estatal   y a la propiedad pública; promover la competencia y abatir los monopolios – propone la creación del Tribunal federal de Competencia Económica, que será la última instancia judicial  en materia de regulación económica; los actores no tendrán derecho al amparo -; promover reforma fiscal integral que mejore la recaudación y abata la evasión; que el IETU se elimine y se fortalezca el ISR, al pasar al 34 y eliminar los regímenes especiales. La baja calidad de vida y poca equidad que existe son el mejor argumento para dar un nuevo rumbo a las políticas sociales y ser enfáticos para revertir la desigualdad y la pobreza que tanto laceran a nuestro país. Necesitamos poner acento en lo productivo, en la educación de calidad, en una reforma fondo para dar un mínimo,  a  nuestra gente por el solo hecho de ser mexicano, en la seguridad social y en la salud universal.

El tiempo se acerca y los participantes están por definirse, pues el 2012 está ya a la vuelta de la esquina.