En su afán de encontrar en quién confiar apara entregarle parte del poder que radica en el pueblo, el mexicano ha dado pasos de ciego y, hora, se inclinó en las mujeres.

                Ciertamente la mujer es la otra parte integrante de la humanidad, de la sociedad y aunque históricamente, por las mismas circunstancias de desarrollo y avance de las sociedades nacionales, estuvo relegada a responsabilidades domésticas y familiares y sin ejercer sus derechos humanos, sociales, individuales y políticos, al menos en nuestro país y en poco más de setenta años, en que se reconocieron sus derechos políticos, la mujer ha avanzado en todos los sectores de la vida nacional.

                Actualmente, escolar, académica, profesional y ocupacionalmente, acude en casi un 50% a actividades académicas, profesionales y ocupacionales;  no existe área académica, ocupacional y profesional en las cuales no haya mujeres; es más, de hecho, algunos nichos ocupacionales son femeninos, pero ya no hay vetos para que ellas ocupen espacios y responsabilidades.

                Uno de los pocos que quedaban, el sector político y las responsabilidades de representación popular – diputados – locales y federales -, senadores y ejecutivos – municipales, estatales y en algún momento futuro, federales – presidenta de la República –   está siendo rápidamente cubiertos por las damas, con el respaldo de la legislación, de los partidos políticos y de las instituciones electorales y de la judicatura electoral Federal, se ha abierto, mantenido abierta y así continuará por lo pronto, y, de conformidad con los tiempos, en cada proceso electoral más y más mujeres ascienden al poder de representación y Ejecutivas.

                Ejemplificando, en el pasado proceso electoral efectuado en junio 2021, de 15 gubernaturas en disputa, por lo menos 8 de ellas   fueron triunfadoras mujeres y en las representaciones populares, – locales y federales, el número está creciendo, absoluta y relativamente.

                Sin embargo, el que lleguen mujeres=damas a esos escalones de poder político, no son garantía de gobernabilidad, honestidad, transparencia, eficiencia y sensibilidad política. Acaso sí de democracia y de las circunstancias  de cada caso.

                Curiosa, y acaso contradictoriamente, el número de mujeres en aulas, profesiones y ocupaciones es creciente, pero también en lo negro de la sociedad: delitos de todo tipo, muestran un creciente avance de hasta el 25% que los registros anteriores.

                Si se piensa que, en la honestidad y providad en los puestos públicos, el porcentaje es menor, debe considerar que su número absoluto era mucho menor, ínfimo, mas este porcentaje, naturalmente debe crecer, por un hecho simple: la mujer no es especial: es ser humano y sujeta a las mismas circunstancias que los varones.

                Así que, concedamos el beneficio de la duda y que el tiempo coloque a cada quien en su lugar. La historia está llena de frases hirientes, pero ¿ciertas? Como la siguiente, de W. Shakespeare: Fragilidad tu nombre es mujer.