Debe llamar bastante la atención que, en relación a las afirmaciones del titular del Ejecutivo Federal, Andrés Manuel López Obrador, del pasado viernes 29 de octubre, Human Rights Watch, hubiera calificado de desquiciamiento total: sus palabras:” El feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos, la protección de los animales. Muy nobles todas esas causas, muy nobles, pero el propósito era crear o impulsar, desarrollar todas esas nuevas causas para que no reparáramos, para que no volteáramos a ver que estaban saqueando al mundo y que el tema de la desigualdad en lo económico y en lo social quedara fuera del centro del debate”.

José Miguel Vivanco director para las Américas de Human Rights Watch calificó como desquiciamiento total esas declaraciones. Y David Luhnow, editor de The Wall Street Journal para América latina, replicó las declaraciones: Presidente de México: la ecología, los derechos humanos y el feminismo fueron creados por los neoliberales. Wow.

El Pequeño Diccionario Larousse define Desquiciar:  desencajar una cosa. Descomponer una cosa, quitándole la firmeza. Quitar a una persona la seguridad que debía tener. Derribar a uno de la privanza. Y Google muestra lo siguiente:  Descomponer una cosa o hacerle perder su seguridad y firmeza. Hacer que una persona pierda la serenidad, se trastorne o se turbe. Salir, o sacar, del quicio una cosa. Hacer que una persona pierda la serenidad o la sensatez en sus acciones. Deshacer el orden.

Ciertamente, nuestro presidente de la República es un doctor en el uso, dominio y manejo de los medios de comunicación de masas – ¡Me pongo de pie y me quito el sombrero! – y que, con el enorme poder mediático de la presidencia de la República, obtiene un posdoctorado y,  sinceramente, desquicia todo y sus desquiciadas expresiones cumplen múltiples fines:  ocultan su juego, sus verdaderas intenciones, distraen, divierten, recrean, envía mensajes-notificaciones y, además,  entretienen a todo el mundo y todos le hacemos el juego y, lo mejor y más singular, es que todo eso, él lo sabe, ya lo experimentó y sabía lo que generaría  con sus desquiciantes afirmaciones, que, personalmente, sabe que son falsas. 

Ahora, especulando, ¿y si fuera la tarjeta de presentación de su poligonal personalidad que se desquicia, se desdobla, manifiesta una o varias de sus aristas cuasi patológicas o mórbidas, histriónicas, síntomas que envuelve con sus dichos, sarcasmos, bromas, cancaneos, sentencias y sí fueran indicadores de desquiciamiento? ¿O es estilo personal de gobernar o es patológico?

Sea lo que sea, para algunos es un gazapo permanente; para otros, un sarcasmo y hasta broma, pero para algunos, pocos o muchos, son motivo de bromas y burlas hirientes, que, singularmente, a él le importan un bledo, mientras obtenga su finalidad: distraer, estar en los Medios, divertirse y poner a pelear a unos contra otros, lo que es perverso, porque, dentro del deber ser, debe convocar y trabajar por la unidad, reconciliación, no la discordia. Si tiene un poco de tiempo y gusta darse una zambullida en los registros de sus Mañaneras, verá que en ellas eso es lo que hace: desquicia, se divierte, distrae, confronta a unos contra otros y está en los medios masivos de comunicación.

¿Y la administración pública? ¿Y el INSABI? ¿Y el abasto de medicamentos? ¿Y las Universidades Benito Juárez Para el Bienestar y la bomba de tiempo – académica y laboral – que encierran? ¿Y el incremento absoluto y relativo de ordeña a los ductos de PEMEX?

Lo realmente importante: sus proyectos fundamentales: el aeropuerto Felipe Ángeles, la refinería Dos Bocas, el Tren Maya y los programas asistenciales. Piense en el peor presidente de la República; recuérdelo: invariable actitud institucional, visión de estadista: sereno. Compárelo con Andrés Manuel López Obrador: desesperante.

Parece que quien representa la institución presidencial es un agitador y anarquista.