Se Ignora si será barbarie o salvajismo más el acumulado resentimiento, que la anticultura, que la oposición por sistema, que la anarquía galopante, que la bestialidad urbana, masificada y anónima, haya utilizado las fachadas de edificios emblemáticos morelianos=michoacanos para demandar lo imposible y dejarlas como murales Jackson Pollock.

                Siendo nobles, muy nobles sus exigencias, son imposibles, por la misma naturaleza de la exigencia-demanda ¿cómo detener/resolver los feminicidios? ¿Cómo regresar, y con vida, a los 43 alumnos normalistas de Ayotzinapa, Gro?? 

                No son cuestiones de investigación jurídica, ni científica ni policial ni de reducción al absurdo. Son estructurales y para resolverlos – hecho imposible – se requiere la participación de todos, bajo una misma línea y coordinación.

                Pero, vamos, eso, la barbarie, el salvajismo, la incultura, la sistemática oposición, el acumulado resentimiento, sociológicamente, no es lo malo, ni lo peor, ni lo grave; lo verdaderamente grave y hasta peor para la convivencia social es el incivismo, dejar hacer y dejar pasar a que los resentidos y opositores de todo y contra todo, hagan y deshagan lo que quieran.

                Se transcribe fragmento de La República Explicada a Mi Hija, de Régis Debray: La República está herida de muerte. El incivismo del Estado es el peor de todos. Un Estado de derecho que ya no tiene el valor de perseguir a quienes violan sus leyes, porque “teme complicaciones”, abre el camino a la tiranía, y esto es tan cierto como que la paz   a todo precio conduce a la guerra. La laxitud daña tanto a la libertad como al autoritarismo. En el primer caso, una policía todo poderosa se encuentra por encima de la sociedad; tiene todos los derechos y ningún deber. En el segundo caso, una policía impotente no puede o no se atreve a intervenir, porque toda represión es considerada ilegítima…Por exceso, pero también por falta de represión podemos volver a la ley de la jungla…

                Es inaceptable, desde cualquier perspectiva, que el Estado – gobiernos federal, estatal y municipal – deje impunemente actuar a la masa, supuestamente, anónima, a Fuente Ovejuna; que el Estado haga mayor y mejor caso, a una minúscula parte de la célula, del órgano, mínima parte del tejido y del organismo social, que, al organismo mayoritario de la sociedad, que a la misma y sociedad. 

                Es inaceptable que el Estado renuncie a su obligación constitucional de salvaguardar los derechos de convivencia social; que renuncie al legítimo uso del monopolio de la fuerza legítima del Estado en defensa de la gobernabilidad y de los valores sociales para ofrecer tranquilidad, confianza y seguridad sociales. 

                No debe considerarse como socialmente positivo que el Estado, perversa y convenencieramente, confunda las palabras contención, disuasión con represión.

                Es imposible que se valore mucho más la anticultura, la anarquía que la convivencia social, y la gobernabilidad.

                Esta situación no puede continuar así. Sería un absurdo.

Acaso para algunos la manifestación, el vandalismo, la anticultura, el antivalor es, son derechos y uso de libertades, lo que sería discutible, y están mal entendidos, pero, también, existen obligaciones y derechos de terceros, humanos, individuales y sociales.

Eso no es ningún tipo de democracia – ni directa, ni participativa, mucho menor representativa, y sí es anarquía.