Los medios informativos de todo tipo de nuestros vecinos del norte y de nuestro país, fundamentalmente, están haciendo el caldo gordo del asunto del lavado de dinero del narcotráfico, realizado por la DEA, así como lo hicieron con la memorable operación RÁPIDO Y FURIOSO. Y todo es un risible acto de diversión para encubrir la corrupción de Estado que es la característica de la diplomacia y de la política de los Estados Unidos, nuestros vecinos.

Mire usted: el hecho de importar ilegalmente armas y municiones, intencionalmente dejar pasar por las aduanas norteamericanas y las casetas nuestras no se diga, está justificado por las autoridades yanquis con las expresiones “conocer rutas, traficantes y   destinos  de las armas y ubicar a los carteles y organizaciones criminales”, lo que es una soberana tomada de pelo: lo único que se puede saber es el destino final, y únicamente cuando son usadas para cometer un delito y son resguardadas – detenidas por las autoridades -, porque eso de conocer las rutas y los traficantes,  es otra vacilada: son  de sobra conocidas las rutas y los datos de los traficantes de armas. Solo es estar jugando al tío Lolo. Una forma tecnológica de saberlo es que cada arma llevara un chip electrónico – sería alarde tecnológico – para saber su localización vía satélite. Si este recurso fue utilizado, nadie lo sabe, ni se ha informado, y si  se sabe, ¿por qué no hay detenidos? ¿Dónde están las armas aseguradas? ¿De cuáles embarques son?¿A qué cárteles fueron asignadas? ¿Y la ubicación y datos de los narcotraficantes? ¿Y el mapeo de las rutas de tráfico? Todo eso ya existía. Es puro cuento lo de “conocer…”


Igual sucede con lo del lavado de dinero. ¿Se imagina usted a los agentes de la DEA llevando costales o camiones o portafolios con billetes verdes de todas las denominaciones o relaciones de depósitos en dólares de determinadas cuentas a determinados bancos? Eso quedó en el museo. Ahora son transferencias electrónicas, pero en el caso hipotético de que hubiera sido así … ¡Los agentes de la DEA trataban con personas físicas, de carne y hueso, tenían los nombres de los bancos, números de cuenta, relación de depósitos! … ¡Todo!

Cumpliendo la receta de Garganta Profunda, siguiéndole la huella, la pista, la ruta del dinero, después de un corto tiempo de estar encubiertos, de transmitir datos a sus centrales o casas de seguridad o lo que sea  ¿Por qué no se actuó? ¿Por qué no se han congelado, intervenido en determinados bancos, determinadas cuentas?

Una de las recomendaciones de técnicos en estas cuestiones de investigación financiera  es intervenir las cuentas de los que lavan dinero – porque esas personas morales, y físicas, están bien ubicadas y localizadas – y, por efecto dominó -, a todos sus referencias y contactos con los cuales tiene trato periódico. Es laborioso pero es simple, con los mecanismos electrónicos contemporáneos. Solo falta voluntad política, porque es prácticamente imposible saber, unidad por unidad, billete por billete, cuál proviene del narcotráfico, de la delincuencia organizada. El eje está en el manejo del dinero, en los volúmenes de dinero, en los bancos y en las cuentas en los que se hacen los depósitos y los retiros.

De lejos se oye bonito, pero metiéndole a esto unos minutos de reflexión es deducible  y hasta se intuye que es una protección del Estado … beneficiar a sus amigos, intereses y compromisos, una forma de corrupción e impunidad.