Cuando usted lea estas líneas la pandemia COVID-19, seguirá su camino apocalíptico en todo el mundo y, particularmente, en nuestro país, donde los contagios habrán superado los 3 millones y los decesos se acercarán a los 300 mil.

                Estos datos numéricos, fríos e impersonales, apartidistas, indican, muestran que, pese a todas las palabras y dichos e imágenes y, también, a los otros datos, la política pública nacional del gobierno de la República es improductiva; que la determinación de no aceptar la participación del máximo órganos constitucional para enfrentar y establecer las políticas en esta materia – de salud – es el Consejo Nacional de Salud Pública, está equivocada, que es esa autoridad, ese ente el que debe llevar la dirección para enfrentar esta contingencia.

                Está visto y es sumamente sensible que el dejar que el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, el Dr. Hugo López Gatell, en término de salud social, es improductiva; tal vez, en cuestión de imagen presidencial o de que alguien debe ser el responsable y a él atribuirle los errores, pifias, gazapos, muertes y saturación en hospitales, acaso para eso está bien.

                Mas también a algunos debe señalarse esta situación por irresponsabilidad: al titular del Ejecutivo Federal, por no acatar las mismas disposiciones dadas por ellos mismos – las autoridades nacionales de salud – y que es recomendación de todos los involucrados en el enfrentamiento, contención y solución de esta contingencia a nivel internacional: el uso de cubrebocas.

                El incremento de contagios obedece a varias situaciones, entre ellas al relajamiento de las medidas preventivas en todos los sectores, con el pretexto-justificación de que debe abrirse la economía, pero al hacerlo se flexibilizaron las medidas preventivas; otra, a que se dejó el hecho necesario de estructural el programa nacional de vacunación a quienes  no saben, desconocen lo más elemental de planeación y operación de sanidad y vacunación, cuando debió entregarse a quienes tiene esa actividad como profesión, y ocupación, además de personal, equipo e experiencia: el sector salud. Una más, que el programa nacional de vacunación, ciertamente es ineludible por carecer del almacén-compras de vacunas, no esté aceptablemente planeado y se dejen a municipios, tenencias, rancherías, poblaciones sin atención de vacunas; agregamos, que cierto sector, respaldado en imágenes y dichos presidenciales les importa muy poco vacunarse y, como complemento, usar cubrebocas y, por si fuera poco, no creen en la existencia de esta pandemia, de esta contingencia; y,  finalmente, actuar tardíamente en la llamada tercera ola, aunque sea la misma y haber, en lo particular, desmantelado hospitales especiales para COVID-19 y ahora están a la carrera reconvirtiéndolos nuevamente. No entendemos.

                Todos los responsables de atender este fenómeno actúan como si ya todo hubiera pasado, especialmente, la población joven.

                Nada ha pasado. Todavía estamos en la cresta de la ola.