El crecimiento de la pobreza en nuestro país es el reflejo del desastre económico que caracteriza a nuestro país en estos casi treinta años de neoliberalismo económico: El crecimiento anual promedio, no llegó al 2%: 1.9% anual en este periodo de 30 años y, además y es indicador de una ineficaz planeación de la política pública, los multimillonarios recursos asignados para el campo no fueron ni asignados, menos utilizados,  estratégicamente para que llegaran a su destino: La población pobre y en los umbrales de la miseria.

Los salarios que ahora se pagan – y los que se pagarán – en el año próximo obligación a una determinación  de política pública: Cambiar de Modelo Económico.

Esta es la gran demanda social: Cambio  de dirección en el la economía nacional.

Los programas asistenciales no han tenido éxito en la reducción de la pobreza porque fueron pensados para ir acompañados de crecimiento económico, como lo tienen China, India, Singapur  y Brasil: superior al 5% anual; países en donde el Producto Interno Bruto 2011 será superior al 5%. En contra parte, en nuestro país  ese indicador apenas superará en este 2011 el 3%.

Por otro lado, los indicadores sobre la creación de empleos durante estos años no sostenidos ni satisfacen totalmente la demanda de empleos de las generaciones en proceso y desarrollo: se crearon un tercio de los necesarios y, cada año,  se va arrastrando un déficit del 66%, que necesariamente deben trabajar en lo  que se les ofrezca y haya: Mercado informal, delincuencia y la migración.

Y este es un círculo que debe cortarse en algún punto de la circunferencia, pues  ir más allá, sin atender este hecho será colocar a la sociedad en el borde, en el umbral del, precipicio social.

Los mecanismos para conformar  la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, el cambio en la política pública económica- particularmente  en lo referente a los salarios mínimos y la creación de empleos con salarios y prestaciones de ley – y un nuevo sindicalismo  de dirigencias cortas,  renovables, no reelegibles, surgido de la base,    deben replantearse para colocar al país en la ruta del desarrollo, pero para que eso pueda considerarse y darse debe construirse partiendo de la base:      La formación de la conciencia de clase, la capacitación de los trabajadores. Eso implica una revolución, no necesariamente sangrienta, violenta,  abrupta.

Mas como eso en imposible, dadas las circunstancias sociales, educativas – de escolaridad,  cultura, etc., -  participación política, etcétera, etcétera, seguiremos clamando un nuevo orden social: distribución igualitaria de la riqueza que se produce.