.

¡Se recrudecen las condiciones del México ensangrentado!, por doquier la problemática existente lejos de mejorarse va de mal en peor y, desafortunadamente, todavía falta un año para que termine este viacrucis colectivo nacional. La devaluación creciente del peso, que parece continuará en picada en las siguientes semanas, encarece todos los artículos de primera necesidad y, para citar solo un ejemplo, el precio del kilo de tortilla, elemento indispensable en la dieta del mexicano, ya absorbió el ridículo incre-mento del salario mínimo (Zona A: $ 59.08; Zona B: $ 60.57; Zona C: $ 62.33) autorizado para comenzar a pagarse a partir del primero de enero del año que está por arribar. No sabemos si lo anterior es una burla más del gobierno nacional, de los grandes empresarios y de las corruptas organizaciones sindicales, para ver cómo reacciona la muchedumbre afectada o si, precisamente porque no hay reacción alguna, ese “triunvirato de poder” se atreve a faltarle gravemente el respeto a los millones de necesitados que pululan por todos los rincones de la Patria ultrajada.

En los cinco años de supuesto avance y desarrollo nacional transcurridos desde la ridícula protesta de Felipe Calderón, los salarios han tenido un raquítico incremento de $13.27; $13.41 y de $13.66 pesos respectivamente para las zonas ya señaladas.


Si esa fuese la única dolencia de nuestro pueblo, tal vez no sería tan alarmante nuestro mal, pues entre la miseria se sobreviviría; pero lo grave es que, aunado a lo anterior, los incrementos en los servicios públicos esenciales rebasan con creses los magros incremen-tos. ¡Vaya!… todavía así seria soportable la vida nacional, pero a lo anterior súmele el lector los ya casi sesenta mil muertos, la inseguridad nacional o estado de guerra que vivimos, la incapacidad técnica y política del grupo gobernante, más su gran corrupción que vuelve desesperante la vida colectiva.

Para acabarla de amolar, o como dice el viejo refrán:”éramos muchos y pario la abue-la”, la vida nacional se complica estúpidamente por los disparos de las policías federales y estatales en contra de jóvenes normalistas de la Normal Rural de Ayotzinapa, del Estado de Guerrero, causando la muerte de dos de ellos. Cabe indicar que años antes, Zeferino Torreblanca, panista disfrazado de gobernador y perredista, redujo matrícula y presupuesto a la Escuela Normal e hizo su mayor esfuerzo por desaparecerla sin lo-grarlo.

Bien analizado, los ahora culpables directos de los dos asesinatos no lo son los policías o los soldados, lo son todos aquellos que han pedido “la pena de muerte” para la educa-ción pública, para el cierre de las escuelas normales de maestros en toda la República, mismas que han estado en la mira de los gobiernos neoliberales.

En 1986, en el Mexe, en el Estado de Hidalgo -después de 82 años de su fundación- fue cerrada la Normal “Rural Luis Villarreal”, donde habían estudiado, entre otros líderes, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez; Álvaro López Ríos, líder de la Unión Nacional de Tra-bajadores Agrícolas, José Guadarrama, y otros que llegaron a ser legisladores federales.

No a sido casual que previo al cierra de más de 17 normales rurales en todo el país, se han presentado los mismos problemas que en Ayotzinapa, pues autoridades de la SEP y gobiernos, comenzaron a disminuir el número de matrícula de los estudiantes y desde luego los recursos económicos, lo que ha impulsado las movilizaciones de estudiantes y de sus familiares, que no le gustan al Gobierno, llegando al grado de provocar los enfrentamientos tal como sucedió la semana anterior en la autopista México – Aca-pulco.

Ccuriosas las coincidencias ocurridas entre la Normal de Ayotzinapa, la del Mexe, la de Mactumatzá, en Chiapas, y la de Roque, Gto.(, fueron cerradas tras disturbios provocados por la indolencia del Gobierno Federal y por el del gobierno local de Salazar Mendiguchía..

Ce cerraron las normales de Salaices, Chih.; la de Tamatán, en Tams.: la de Torreón, la de Santa Teresa en Coah.; Galeana, N. Leon; Tamactán, Tams.; Rio Verde, S.L.P; Cd. Guzmán, al.; la de Jalisquillo, Nay.; la de Tolilmán, Qro.; las de Actopan y Molango, Hgo.; las de Xocoyucan y Huamantla, en Tlax.; la de Palmira, Mor.; la de Hueyapan, Xochiapulco y Champusco, en Puebla; la de Perote y Villa Aldama, en Ver.; la de Comitancillo, Oax.; ¿Alguien pudiera negar la importancia de todas estas escuelas?

Las Escuelas Normales Rurales enfrentaron y las que quedan siguen enfrentando los desafíos del neoliberalismo y la desinformación y están en vías de su desintegración. ¡Nadie que conozca un poco de la política educativa nacional puede dudar del interés del gobierno federal de acabar con la Educación Pública para privilegiar la Educación Privada!