CCVII ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL BENEMÉRITO DE LAS AMÉRICAS
Por: Etelberto Cruz Loeza
Por innumerables razones la Patria Mexicana hoy está de fiesta: hoy se festeja – y debe hacerse en Grande – el natalicio del Hombre líder de la Generación Liberal que enarboló la bandera de la legalidad, de la libertad, de la soberanía, de la independencia ante el golpe de Estado y escisión nacional de Ignacio Comonfort, que colaboró con Juan Álvarez al triunfo de la legalidad contra los conservadores, en la Guerra de Tres Años – 1857-1860, convocó al Congreso Constituyente, votó y promulgó la Constitución de 1857, promulgó las Leyes de Reforma – separó los Estados laico y religioso – y enfrentó y derrotó diplomática y militarmente a las fuerzas invasoras europeas – de Inglaterra, España y Francia – y combatió y venció – en 1867 – al espurio imperio, y ejército respaldado por los fusiles de Francia – del austriaco Maximiano de Habsburgo y llevó a la nación mexicana a un periodo de tranquilidad – de 1867 – hasta su muerte – en 1872 -, que Porfirio Díaz prolongó, y posteriormente cambió, pero eso es otra cosa.
De Don Benito Juárez García se ha dicho mucho y bien y nunca se podrán terminar los reconocimientos de la sociedad nacional. Es mucho lo que se le debe. Y también se ha intentado demeritar su personalidad, su figura política y de estadista, pero ahí está. Tiene la cualidad de la piedra pómez – que afirmaba don José María Luis Mora -: Porosidad y Dureza. Además, las cualidades del diamante y del titanio: Valor – que trasciende con el tiempo – y son anticorrosivos y antidesgaste.
Es la única revolución, el único movimiento social mexicano que llega hasta las últimas consecuencias: Hasta Calpulalpan y en las faldas del Cerro de las campanas: terminar, acabar con los enemigos. No hay negociación, no hay acuerdo, podría decirse ahora, que muy Maquiavélicamente o muy Octaviana o César su política, pero al enemigo no debe dársele ni una mínima opción de levantarse.
Después de dos administraciones federales del partido acción nacional en donde la figura y obra política de Don Benito Juárez fue reconocida protocolariamente, pero hecha, y echada – sus retratos y bustos de la oficina presidencial y de palacio Nacional y otros recintos oficiales -, a un lado, regresan a su espacios de honor reservados a los indispensable en el Estado Mexicano. La ceremonia oficial podría ser apoteótica.
Curiosamente en estos casi 20 años el Estado Laico ha estado en crisis: fuera de los discursos oficiales y las fuerzas oscuras que siempre han buscado sus intereses económicos, políticos y sociales han logrado recuperar lo que Benito Juárez y su generación de Liberales consiguió y se confirmó con la Constitución de 1917 y sus gobiernos emanados y consolidados construyeron. Esas fuerzas, ocultamente amparadas en el clima de libertades en el que vivimos y en los Derechos Humanos han conseguido lo que podría llamarse una regresión.
Es confiable que el estado laico continúe separado del Estado Clerical, dogmático, para prevenir no únicamente a la sociedad y su futuro, tomando en cuenta el enorme poder de la Iglesia Católica mexicana y su nefasto protagonismo en la evolución de nuestra nación. Ahí está la historia nacional. Los hechos no mienten y en esa Historia y en esos hechos están la figura eterna, inmovible, de Don Benito Juárez, el Santo Laico.






















