Los recientes casos  en donde el voto ciudadano perdió, por las razones que sean, pero no imputables a los ciudadanos,  su valor  en la decisión de la forma de gobierno deseada y de depositar   su soberano poder en la persona deseada  por él, muestran que los partidos tienen secuestrada la voluntad popular, continúan teniendo el monopolio del poder político, están, aparentemente por terminar.

A casi diez años de que en el H. Congreso local se presentó  la primera iniciativa de Reglamento  para las figuras de participación ciudadana, como el plebiscito, el referéndum, la consulta pública y la ratificación de mandato, que ya están consideradas en nuestra Constitución, los integrantes de la agonizante LXXI  legislatura la aprobó, en lo general, esta iniciativa y, muy seguro lo dejará para los trabajos de la entrante LXXII legislatura, que formalmente se instalará el domingo 15 del presente.


Es un hecho inocultable que la democracia, nuestra democracia, nuestras prácticas sociodemocráticas, enfrentan una severa crisis  de legitimidad, producto de muchos factores, entre ellos  la poca participación  del individuo social en los partidos políticos de su preferencia, la mínima representatividad social de los partidos y sus candidatos, el cuestionamiento público, el espectro-sombra que viste a los políticos, el altísimo abstencionismo, el hecho de que los partidos políticos toman decisiones para sus factores de poder, no para los ciudadanos que dicen representar.

Se deben respetar y hacer respetar los derechos de la sociedad, de los ciudadanos y transitar en la vía  de la democracia ciudadana, para arrebatarles a los partidos el monopolio del poder o por lo menos de atemorizarlo de que le les puede exigir cuentas, proponer acciones y políticas públicas y hasta despedirlo y se verá que la democracia ciudadana – origen de la misma democracia – fortalecerá la democracia partidista, participativa y representativa.

Esto será un verdadero cambio – y como se dijo en la sesión en la que se aprobó esta ley: esta Ley representa la semilla del  cambio verdadero que iniciaron los ciudadanos  y que harán florecer  los ciudadanos mismos, con su mano, organización y capacidad. La Historia es nuestra  y la hacen los pueblos, la construyen los ciudadanos. Con esta ley estamos abandonando  la movilización social, la confrontación por el movimiento organizado de los ciudadanos.

Esperaremos su publicación completa en el Diario Oficial del gobierno de Michoacán para conocerla en lo general y en lo particular, para ofrecer una mejor opinión.