opinion

Terminó el año de la inestabilidad y comenzaron doce meses de incertidumbre. Utilizo la palabra incertidumbre, ya que en este año habrán cambios tanto nacionales como internacionales en materia económica y política que podrían impactar fuertemente el rumbo de nuestro país. El escenario que plantea el presente año es sinuoso, pero a la vez interesante. Por un lado, se llevarán a cabo comicios electorales en diversos países del mundo y al mismo tiempo, las principales economías del mundo tratarán de mitigar sus problemas fiscales con el fin de encontrar estabilidad y así generar un mayor dinamismo económico. A nivel nacional habrá elecciones en todos los niveles de gobierno, aunque destacan las federales en las que posiblemente lleguemos a la culminación de doce años de gobierno bajo un mismo partido político. Sin duda alguna, la batalla política será digna de observar y nosotros como ciudadanos debemos participar y ejercer la democracia. En materia económica considero que las prioridades del gobierno seguirán siendo las mismas: estabilidad macroeconómica, creación de empleos y reducción de la pobreza. Sin embargo, nuestro crecimiento económico estará condicionado principalmente por los eventos que ocurran en el exterior, es decir, mientras sigamos el mismo modelo de desarrollo, no seremos dueños de nuestro destino y seguiremos siendo dependientes y creciendo a tasas mediocres. Nos depara un año complicado marcado por los cambios y los eventos inesperados. Asimismo, se nos presenta nuevamente la oportunidad de crear un cambio en nuestro país y es por esa razón que considero importante analizar brevemente qué hemos hecho y hacia a dónde vamos.

Después de terminar un 2011 colmado de volatilidad financiera, poca expansión económica y crisis de deuda en distintos países y bloques económicos, nuestra región ha reportado un crecimiento de 4.3%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Mientras tanto, la revisión preliminar del mismo organismo apuntó que nuestro país creció a un ritmo anual de 3.84%; aunque destaca que el crecimiento de México durante el 2011 fue mucho menor al reportado por otros países latinoamericanos como: Argentina (9.0%), Ecuador (8.0%), Perú (7.0%) y Chile (6.3%). De acuerdo con cifras oficiales del gobierno, durante el año pasado se crearon 720 mil empleos formales y dadas las condiciones adversas que vivimos el año pasado, podríamos decir que la cifra de creación de empleos mencionada anteriormente no es del todo mala. Sin embargo, si consideramos que la mayoría de esos empleos tienen remuneraciones de 3 a 4 salarios mínimos, que el 65.45% de la población ocupada en nuestro país carece de ingresos suficientes para adquirir la canasta básica indispensable y que actualmente el salario mínimo más alto es de 59.82 pesos diarios, cuando tendría que ser de 180.92 pesos para cubrir las necesidades básicas; entonces podemos deducir que la mayoría de esos empleos son precarios, de bajos ingresos reales y generan poco bienestar a las familias mexicanas. Todo lo anterior se refleja en la cifra de pobreza publicada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), la cual indica que actualmente existen 52 millones de pobres o el equivalente al 46.3% de la población. La pobreza y la desigualdad siguen siendo dos grandes lastres que año tras año se agudizan y que no hemos logrado resolver. Para el presente año y a pesar de las adversidades, se espera un crecimiento de 3.7% en la región y para nuestra economía la Secretaría de Haciendo y Crédito Público (SHCP) ha estimado que creceremos a un ritmo de 3.5%; no obstante, es importante recordar que podríamos ser arrastrados a un declive si las condiciones económicas y políticas empeoran en Estados Unidos y en la Unión Europea. Para este 2012, nada es cierto y todo es inseguro.

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Fuente: Hanson, Gordon. El misterio mexicanos. Nexos. 2011

¿Qué hemos hecho mal? ¿Qué podemos hacer para crecer?

Para poder hacer un análisis de la actual situación, considero que es importante observar nuestra historia inmediata. En la década de los 80s nuestro país suspendió el pago de su deuda, el gobierno devaluó la moneda y el ingreso de los mexicanos tuvo que pagar las consecuencias de la hiperinflación. Todo indicaba que nuestro modelo estaba agotado y tendríamos que realizar grandes cambios y ajustes estructurales. Nuestra economía emprendió el camino hacia la liberalización. En el año de 1994, ya habíamos entrado a la OCDE y la liberalización de nuestro comercio ya era un hecho con la incorporación al GATT y posteriormente con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Para ese entonces, ya teníamos un banco central autónomo, la inversión extranjera comenzaba a fluir y nuestra transformación parecía completa. Ya estábamos en el “club de los ricos” o al menos así lo mencionaban algunos políticos de la época. México logró estabilizarse, bajar su inflación, reducir su déficit fiscal e incrementar su comercio exterior. No obstante, olvidamos un detalle que ahora resulta ser el gran problema del México actual, hemos crecido poco. Para este momento, usted lector, se debe estar preguntando cuáles serán las razones por las que no hemos crecido y quiénes serán los culpables. Algunas personas le dirán que los culpables son los gobiernos priístas y algunas otras que los gobiernos del panistas de los últimos doce años, pero la mayoría de las personas y, hasta algunos economistas, le dirán que no se han realizado las reformas y los “famosos cambios estructurales” que el país necesita. Le dirán que necesitamos una “reforma energética que permita la inversión extranjera”, una “reforma fiscal que se base en un aumento en los impuestos al consumo y no al ingreso” y una “reforma laboral que flexibilice el mercado laboral”. Todo lo anterior suena muy bien, pero si usted pregunta a detalle el cómo esas reformas ayudarán en concreto a acelerar el crecimiento económico de nuestro país, no encontrará respuesta. Según Gerardo Esquivel, economista e investigador de El Colegio de México, “el problema de quienes ofrecen esas respuestas como solución a los problemas de crecimiento del país es que confunden las consecuencias con las causas”. También afirma que, “creer que realizando las reformas estructurales nuestro país crecería más rápido es un misterio en el que nos obligan a creer”.  En mi opinión, no hemos crecido lo suficiente o al menos de manera más acelerada, porque el modelo de desarrollo que hemos seguido no ha sido el correcto. A lo largo de las últimas décadas, nos hemos concentrado en el mercado externo, al mismo tiempo que hemos olvidado nuestro propio mercado. Cerca del 80% de nuestras exportaciones son destinadas al mercado americano y se ha querido incrementar la competitividad mediante las políticas de contracción salarial que hoy imperan en la mayoría de los sectores industriales del país. Ahora bien, ¿Por qué no ha crecido el mercado interno? Existen cuatro causas fundamentales:

1. Mal Crédito: El país posee uno de los niveles más bajos de niveles de crédito a empresas y hogares. Entre 2001 y 2008 el crédito al sector privado fue de 18% del producto interno bruto, menor que el de otros países de la región como Brasil, Colombia y Perú. Al mismo tiempo, tenemos tasas de interés inaccesibles que impiden que las empresas puedan invertir para crecer.

2. Ingresos estancados: Durante los últimos 30 años los ingresos reales del sector manufacturero han permanecido casi constantes y cada año el poder de compra de las familias mexicanas se ve disminuido.

3. Baja inversión pública en infraestructura: Después de los 80s, a raíz del ajuste del gasto público, hubo una gran contracción del gasto público y se pensó que el sector privado iba a compensar tal caída; sin embargo, no sucedió de tal manera. Nuestra acumulación de capital ha sido muy poca y, por ende, nuestra inversión para generar crecimiento económico ha sido limitada.

4. Mala Educación y poca investigación: La fuerza laboral de México no es altamente calificada. Una gran parte de la población económicamente activa (PEA) realiza trabajos poco especializados e intensivos en mano de obra. En el año de 2007 sólo el 50% de los mexicanos entre 15 y 19 años de edad estaban inscritos en instituciones públicas o privadas del país. Atribuyo en gran medida el rezago educativo a los poderes sindicales y otros intereses políticos. Cerca del 90% del gasto público en educación se destina a las compensaciones e ingresos de los trabajadores de la educación, dejan nada o muy poco para inversión en infraestructura educativa.

Los años siguen pasando y nuestro país sigue cavando un hoyo que parece no tener fin. Existen diferentes posturas y creencias en torno al tema de cómo crecer; sin embargo, considero importante que generemos un acuerdo común en donde se estipule cuál es el camino que queremos seguir y cómo lo vamos a lograr. Sin un consenso mínimo seguiremos divididos y el país seguirá pagando las consecuencias de la pasividad. Podemos tener distintos planes, pero estoy seguro que todos apostaríamos por los siguientes puntos: mejoramiento de la calidad de vida, reducción de la pobreza y desigualdad, educación, inversión e innovación. Cubriendo los puntos anteriores podríamos, sin duda alguna, regresar a la senda de la prosperidad y del crecimiento que abandonamos hace algunas décadas.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.