El nacimiento del Partido de la Revolución Democrática fue todo un proceso no con- cebido como tal por sus autores, sino como un movimiento nacional dentro del mismo poder polÃtico del momento vivido y fue su creación, una verdadera transfusión de sangre a la raquÃtica polÃtica nacional, misma que se encontraba en un estado agónico.
El domino absoluto del partido en el poder, corrompido y esclerótico, habÃa logrado el apartamiento de la sociedad mayoritaria en la vida polÃtica nacional de tal manera que tanto las elecciones nacionales como estatales, eran un mero trámite que servÃa para aparentemente renovar los puestos de elección popular. En consecuencia, el control total del paÃs lo tenÃa el partido oficial
Algunas de las organizaciones de izquierda, eran sostenidos y operadas por el propio gobierno que asà simulaba ser democrático; otras más resistÃan en la clandestinidad. El Partido Acción Nacional no tenÃa militancia y presencia alguna. Para llegar a un puesto de elección popular habÃa que hacer larga fila en las oficinas del PRI y las inconformidades que se presentaban eran relativamente compensadas, pero aquellos que se inconformaban contra las decisiones tomadas, eran poster-gados y pasaban a formar parte del confinamiento de los olvidados.
Después del primer gran fraude electoral cometido en1988 ( el segundo gran fraude fue en 2006 con Felipe Calderón) con el que se impuso en la Presidencia de la República a Carlos Salinas de Gortari, se hizo un llamado popular que dio como resultado la formación del Partido de la Revolución Democrática.
Este partido, como es del conocimiento general, ahora está bajo el control de varios grupúsculos polÃticos. No se distinguen a éstos por su pensamiento polÃtico ni se les conoce por el ejercicio ético o moral y más bien se distinguen por la falta de las anteriores virtudes y más bien, por sus arreglos no muy claros solo para defender sus particulares intereses y con “salvajismoâ€, peyorativamente son mejor conocidas, como tribus.
Responden a un interés grupal no mayoritario y a su ambición polÃtica, que la aplican sin importar, o importándoles muy poco, el destino final de nuestro instituto polÃtico, formado y fortalecido por la sangre de muchos compañeros que fueron asesinados en los inicios del Movimiento de Renovación Democrática y en los albores de la formación del PRD.
En el primero año de nuestra autorización oficial como partido polÃtico, nos fue negada arbitrariamente la participación electoral, por lo que tuvimos que aceptar el ofrecimiento del PMS, de cedernos su registro, y ya en los primeros años como PRD se tuvo una importante presencia en los estados del Norte de la República (prin-cipalmente en Baja California) asà como en el D.F., en el Sureste y desde luego en Guerrero y en nuestro Estado, que fue el centro mismo del origen del partido.
Un orgullo del perredismo nacional lo era nuestro Estado, donde no obstante el enorme poder polÃtico del sistema, lo habÃamos vencido una y otra vez. Nos congratulábamos de realizar elecciones internas, para determinar a nuestros candidatos e inclusive, abrÃamos éstas a la sociedad en lo general, misma que podÃa votar presentando su credencial de elector, ¡ ni trampas ni problemas internos graves tenÃamos! ¡Ah! pero nacieron las corrientes y con ellas se presentó el declive.
Tanto en Veracruz como en Tabasco, Tamaulipas, Chiapas, Hidalgo y en el Estado de México, tuvimos la oportunidad no sólo de incrementar nuestra presencia sino de llegar a gobernarla, pero desafortunadamente por las fuertes diferencias entre los diferentes grupos tribales estamos llegando, válgase la comparación, a la pérdida Valle del Anáhuac a manos de los conquistadores españoles.
A casi 23 años del nacimiento de ese partido y a seis años de la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas como miembro muy destacado del Consejo Consultivo del partido que formó, organizó y lideró y en el que infructuosamente alertó y buscó buscó que sus diferentes dirigencias retomaran el cauce perdido, en lugar de la conmemoración de un año más de vida el próximo mes de mayo, por las condiciones que atraviesamos, debiéramos prepararnos para cantarle un Réquiem al PRD, pero por su eterno descanso.

























