El 3 de febrero de 1814 a las once de la mañana fusilaron a don Mariano Matamoros, en Valladolid, hoy Morelia, luego de haber sido preso a principios del mes anterior en Puruarán, lugar donde buscó refugio y libró su última pelea, debido a que fracasó el asalto de la ciudad donde habÃa nacido Morelos, mismo que estaba a su cargo, iniciado el 23 de diciembre de 1813.
En las Lomas de Santa MarÃa los insurgentes fueron sorprendidos y derrotados, inclusive la táctica de maquillarse con tizne fue utilizada en su contra, luego de la efÃmera victoria de Galeana y Bravo en la Garita del Zapote. Los refuerzos del ejército real encabezados por Ciriaco de Llano y AgustÃn de Iturbide, impidieron la toma de Valladolid y, probablemente que en este lugar se firmara lo que después denominamos la Constitución de Apatzingán.
Matamoros era cura del pueblo de Jantetelco, jurisdicción Cuernavaca, huÃa del gobierno virreinal por estar vinculado a Hidalgo antes del Grito de Dolores, cuando se presentó a Morelos en Izúcar el 12 de diciembre de 1811 y fue nombrado su coronel.
La fuerza, capacidad y pasión de Matamoros se manifiesta en el Sitio de Cuautla, la toma de Oaxaca, al tener a su cargo la vigilancia del Congreso de Chilpancingo y ser Teniente General del Ejército Nacionalista, además segundo o sustituto en su caso del GeneralÃsimo quién lo reconoció como su brazo derecho.
La carta donde Morelos ofrecÃa doscientos españoles prisioneros del Batallón de Asturia por la vida de Matamoros, llegó dos dÃas tarde al virrey porque su memoria ya se habÃa sembrado en la ciudad que ahora se llama Morelia, desde 1828, también para honor de Matamoros e Hidalgo. Hay razones suficientes para que los rostros de los insurgentes mencionados en este párrafo, sustituyan las tres figuras de reyes del escudo del ayuntamiento de Morelia.
El natalicio de Melchor Ocampo lo conmemoramos el 6 de enero, sucedido en el año de 1814 en la Hacienda de Pateo, mientras Matamoros era hecho prisionero por la independencia de una nación que apenas habÃa dado su grito de nacimiento, el 16 de septiembre de 1810, cuando todavÃa estaba en el aire la identidad de los recién nacidos en la moribunda Nueva España que, se resistÃa a desaparecer por los dogmas e injustos privilegios de los realistas y conservadores de aquel tiempo.
Consumada la independencia polÃtica de México, 1821, Ocampo a sus siete años ya puede decirse mexicano. Estudió en el Seminario Tridentino, en los últimos años de Valladolid, Jurisprudencia en el Colegio de San Ildefonso y además se dedicó a la fÃsica, quÃmica, botánica, agricultura, astronomÃa, geologÃa, filosofÃa, polÃtica. En 1840 viaja a ParÃs en busca de su maestro José MarÃa Luis Mora, asà como de ciencia, cultura y arte.
Ocampo ya con más convicciones históricas, polÃticas, cientÃficas y sociales, como gobernador de Michoacán reinaugura el Colegio de San Nicolás el 17 de enero de 1847, fundado por Vasco de Quiroga en 1540 y que habÃa sido clausurado en 1810. Como sabio liberal se habÃa sumado a las filas reformistas, por compromiso moral social no por intereses personales. Conoce en Nueva Orleans a Juárez entonces desterrado como él, y regresa a México en la triunfante Revolución de Ayutla. Fue el mejor consejero y secretario de Don Benito, en la creación y defensa de la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, por eso es llamado El Filósofo de la Reforma, Ilustre Patricio de la Reforma y Gran Legislador de la Reforma.
Matamoros y Ocampo no estudiaron en San Nicolás, pero sà adquirieron el espÃritu nicolaita creado por Hidalgo y Morelos, uno lo demostró en el campo de guerra, con las armas en la mano, luchando por la independencia; y el otro, en la batalla de ideas, con la ciencia en la práctica social, defendiendo la República Mexicana y, creando y aplicando un Estado laico y leyes a favor de la libertad espiritual y el servicio público de instituciones que atienden necesidades sociales.
Estos dos grandes hombres, en su momento guÃas del pueblo mexicano, fusilados cobardemente por los enemigos de la justicia social, siempre nos ofrecen su ejemplo inmortal para servir a la patria y viven en la memoria de los mexicanos, michoacanos y morelianos de buena voluntad, aunque falte mucho para honrar con hechos su sacrificio y estemos en deuda con ellos.
Y como dijera otro gran hombre, si la patria fue fundada por un nicolaita, todos los mexicanos que se reivindiquen como nicolaitas también lo son, por eso agrego a la lista de ilustres nicolaitas a Matamoros y Ocampo que sin quererlo lo son, asà como hombres que nos legaron nuestra amada y sufrida patria, olvidados en la conciencia popular donde debieran iniciar todos los cambios que debemos hacer para una nación más justa.























