La visión que el candidato Andrés Manuel López Obrador presentó a la sociedad nacional fue de una administración corrupta, impune, insegura y sumamente asimétrica, con evidentes desequilibrios y desigualdades en la distribución de la riqueza, en el uso de horizontes de oportunidad y de situaciones ante la ley y del uso manifiesto del poder y del uso partidista en procuración y administración de la justicia, a discrecionalidad del poder.

A pesar de que de una manera casi total, con Carta Blanca en su poder, prácticamente desde el momento en que se oficializó su triunfo electoral y fue declarado candidato triunfador y, poco después presidente electo, pudo disponer del ejercicio del poder y del veto-corrección, pues la administración Peña casi completamente se retrajo y facilitó la configuración del proyecto de Presupuesto de la Federación 2019, su administración ha dejado mucho por cumplir y, curiosamente, mostró que no es lo mismo ejercer el poder y estar del lado de la mesa que lo ejerce que estar del otro lado, el de la oposición – que curiosamente, en ese momento no levantó ni plantó cara alguna -.

Desde el primer momento del ejercicio del poder – primer minuto de diciembre de 2018 – se mostró que, a pesar de contar con todos los elementos – técnicos, administrativos, de comunicación social, humanos y de dinero -, carecía de un Plan Rector de Gobierno, de información detallada y precisa y actualizada y actuó ante las circunstancias de forma inmediata y atribuyendo todos los errores iniciales a la administración saliente e iniciando una confrontación y categorización nacional de la sociedad y sus grupos, que hasta el momento es la cantaleta diaria: a los conservadores y reaccionarios; a los fifís y a los chairos.

Si bien no se disfruta una sociedad perfecta, sí es mejorable, pero los enormes problemas estructurales y de coyuntura – desempleo, elevado costo de la vida, convertibilidad=paridad de nuestra moneda, inflación, escasa capacidad de compra del salario mínimo constitucional, niveles de seguridad y su contraparte, la inseguridad social – ahora con el agregado de ciudadana -, que se agravaron con la inesperada presencia de la pandemia COVID-19 que para enfrentarla ni el gobierno, ni la sociedad, ni sus instituciones y miembros estábamos preparados – continúan si no es que se han agravado.

Sin tomar en cuenta el escenario de la crisis de salud – con su imparable línea de ascenso y que no se ve-nota que se aplane y ni se dome, esos problemas siguen presente exponencialmente y para cualquier estudioso de nuestra vida nacional en sociedad, si compara día a día, semana a semana, mes a mes, semestre a semestre, con los años pasados, sean del PRI., del PAN y de ese pasado que dentro de la actual administración nadie desea referir, notaría que en todos los sectores y categorías, todas las cifras son negativas, por más optimista que se sea y que muchos de los lemas de campaña no se han cumplido, básicamente en combustibles, combate a la corrupción, a la inseguridad e impunidad.

Sin embargo, el mejor juicio es el de usted.

Un hecho cierto es que, sabiendo lo que está en juego, a ritmo marcial, el señor presidente ya está anticipadamente en campaña electoral.