Recientemente, el pasado martes 5 del presente, el Partido de la Revolución Democrática – PRD – cumplió 31 años, con más pena que gloria.
Siendo objetivos, a este partido se le pueden aplicar las famosas, por lo menos en nuestro
país, por lo menos un fragmento de Las Redondillas de nuestra Décima Musa, Sor Juana Inés de La Cruz: Aprended, flores de mí
lo que va de ayer a hoy.
ayer maravilla fui.
Hoy sombra mía, no soy.
Y también la romántica melodía
¡Cómo han pasado los años!
¡Cómo cambiaron las cosas!
Y, efectivamente, cómo han pasado los años: lo que fue un vendaval, un tsunami en la política nacional, lo que parecía que aglutinaría definitivamente a la auto llamada Izquierda, que rompió muchos tabús y muchas conductas, hábitos y tradiciones en nuestras prácticas político electorales e instituciones políticas-electorales, que se inició como una corriente, como un movimiento y que generó condiciones para la formación de un Frente, llamado democrático Nacional, FDN, llevó, en 1988, a la candidatura a la presidencia de la República a su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y en discutidas elecciones y con un final digno de los adivinos y oráculos, debió resignarse a ser un factor del cambio político en el país y generador de instituciones como la Reforma Electoral, sus instituciones – Instituto Federal Electoral y la LOPPE – Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales -, la evolución de Regencia de la ciudad de México hacia la Jefatura de Gobierno vía electoral y él su primer candidato y Jefe de Gobierno y todo lo que vino después: varios estados y municipios llegaron a tener y ser muestra de que el PRD podría ser modelo en la administración y decisiones de poder y de políticas públicas…pero llegaron al poder y, tras mostrar su eficiencia y perfil de servicios honestos y eficientes y se mostraron, salvo contadas excepciones, que no eran dignos de la confianza del ciudadano y que ellos, al llegar al poder, no supieron ser congruentes con el momento y las circunstancias y, finalmente, dejaron mucho qué desear y bastantes ejemplos de administración turbia, pestilente y más que opaca, oscura.
Cómo cambiaron las cosas: si hace 31 años, 25, 20, 15 y hasta 10 años eran una terrible y tremenda fuerza y peso políticos, ahora no tiene nada, salvo recuerdos: un solo gobierno y un único gobernante: Michoacán y Silvano Aureoles Conejo. De ahí, puras migajas.
Y es sumamente curioso, e histórico: de sus fundadores, nadie está en el partido. Todos salieron huyendo y de su fuerza, sufrió una sangría que lo postró – su mejor prospecto político Andrés Manuel López Obrador, lo dejó y con la sangre perredista fundó el movimiento de Regeneración Nacional, que, finalmente, lo colocó en la titularidad del poder Ejecutivo y colocó en terapia intensiva al PRD.
Al entrar a la juventud política, el Partido de la Revolución Democrática carece de todo y perdió todo, como dijeron los panistas: perdieron el poder, el partido y el gobierno. Perdieron todo.
Los que aun están en el ORD tiene la oportunidad histórica de cambiar: vitalizarse, de crecer y mostrar que ellos son la sangre nueva del partido; en caso contrario, el PRD confirmará que fue partido de un hombre, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y sin él, se ratificarán los augurios y pronósticos: ser otro partido de la chiquillada. AUN ASÍ, FELIZ ANIVERSARIO.























