La campaña por la presidencia de los Estados Unidos sigue y cada día con más fuerza y si hace cuarenta días no existí en el horizonte político un político que le hiciera frente al magnate inmobiliario, showman y actual 42° titular del poder Ejecutivo y que despacha en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Donald Trump, hoy, casi al término del mes de abril y a seis meses del día electoral – 8 de noviembre – ya no es así.
Prácticamente ya tiene un oponente: Joe Biden, ex vicepresidente de Barack Obama, quien de hecho tiene la candidatura del partido demócrata en la bolsa, al levantarse como candidato triunfador en las llamadas primarias en los estados importantes y con pesos en el Colegio Electoral, el Gran Elector norteamericano, que es un sistema electoral indirecto: triunfa no el que obtiene la mayor cantidad de votos en las urnas, si no quien gana en los estados con mayor peso en el Colegio Electoral, caso que le sucedió a Hilary Clinton, quien venció a Donald Trump en las urnas, pero el magnate la derrotó en el Colegio Electoral, pues perdió en varios de los estados con mayor peso – número de votos electorales definitivos – en el Colegio Electoral, como California y Texas.
Y si hace cuarenta días y más atrás, Donald Trump iba en caballo de hacienda – carecía de oponente opositor en el mismo partido Republicano y Biden y su propuesta de programa político estaba desinflado y andaba muy mal en las primeras Primarias y, además tenía mucho dinero, y a pesar de que la economía andaba muy bien y casi no existía desempleo, con el inédito suceso de la pandemia del coronavirus COVID-19, el desempleo surgió de improviso y sus actitudes de menosprecio y minusvalía ante el horizonte de riesgos que planteaba este evento epidemiológico, y sus decisiones tardías y limitadas, más los muertos, ya lo colocan en desventaja, ante Joe Biden, quien por cierto, ya recibió dos fuertes e invaluables sucesos: el retiro de la competencia interna en el partido Demócrata, de Berny Sanders, la suma de sus ideas socialistas y su contingente de simpatizantes y el fuerte y esperado respaldo de Barack Obama, el ex presidente muy recordado por muchos norteamericanos, que significan simpatizantes y dinero, dinero y más dinero, que es el combustible de toda campaña política – que, prácticamente, es una guerra civil interna -, tal como lo dijo Napoleón Bonaparte.
Y en este momento, Donald Trump entrampado en la guerra contra la pandemia que lleva miles de contagiados y de muertes, hombre espectáculo, está tratando de distraer achacando a China el origen de este microrganismo y, en el momento más inesperado, amagar a la Organización Mundial de la Salud con retirar su subsidio anual – algo así como 500 millones de dólares -, porque, palabras de Trump, la OMS protegió a China desde el origen de este evento epidemiológico.
Así que, haga sus apuestas. Los caballos están haciendo el paseíllo y están por colocarse en el arrancadero.























