sergio

Los manuales y catálogos de consejos para políticos siempre son útiles, ya sea para conocer la circunstancia histórica o política en que se escribieron, ya sea para ubicar a su autor en este o aquel extremo del abanico ideológico en el que escribió. Con frecuencia son útiles por sí mismos y por el contenido, alcance, impacto y/o vigencia de las máximas que imparten.
En esta serie y en la dedicada a candidatos he repasado algunos de ellos. Por igual PREPARING TO BE PRESIDENT, de Neusdtadt, que LA PRESIDENCIA MODERNA, de Liébano Sáenz; lo mismo EL POLÍTICO, de José Martínez Ruiz (Azorín) que EL ARTE DE LA PRUDENCIA, de Baltasar Gracián o LAS 48 LEYES DEL PODER, de Green.

En esta ocasión me referiré a uno más, que me parece extraordinario. Allá por mediados de los noventa esta obra vio la primera luz aunque con otro nombre y desde entonces pensé algún día reseñarla en beneficio de alguien más. Hoy que lo hago, lo hago con la nueva edición en la mano (la de 2011) con el divertido título de EL PRINCIPITO, O SEA OFICIO DE POLÍTICOS: ORÁCULO MANUAL PARA DESENGAÑO DE ASPIRANTES, MEDITACIÓN DE PROFESOS Y DELEITE DE JUBILADOS (Fernando Escalante Gonzalbo).
En un claro guiño a Maquiavelo y a Gracián, de quienes ya he reseñado obras, el autor de la Lectura Presidencial de esta semana lanza desde el mismo título anzuelos que a mi me engancharon desde luego y sobre todo a vistas de lo que se ha convertido últimamente en mi misión para GURÚ POLÍTICO, que es comentar y analizar textos de todas las épocas que algo podrían aportar al trabajo cotidiano de los que ejercen el poder público, en la idea de acercarles noticia de lo que en otras latitudes y tiempos se hizo bien o se realizó con errores.
Escalante arranca así: “Este librillo comenzó su andadura hace ya bastante más de una década. Casi hasta dos…Hace tiempo que ya no se encuentra en librerías… Si me he decidido a ponerlo de nuevo en circulación… es sólo por pensar que en tiempos aciagos, como los que nos tocan, incluso la luz más mezquina y pobretona, luz de vela sin despabilar, puede servir de algo.”
El texto se organiza en 21 capítulos, denominados con las usanzas del español antiguo, como todo el cuerpo de ellos. Le comparto algunos: II. Del acceso al poder y de si conviene llegar por la popularidad o por la astucia (sugiere la segunda). V. De las novedades y reformas y de cómo deben gobernarse las repúblicas acostumbradas a vivir bajo leyes propias. XIV. Del dinero y gasto público y de la liberalidad y la mezquindad o miseria (tres reglas: gastar de modo que se conozca y sea notorio; gastar de modo que la ganancia se reparta entre el mayor número de gente; gastar de modo que su propósito económico o filantrópico no estorbe al propósito político).
XVI. De las promesas y de si deben los políticos observarlas. XIX. De la reputación y de cómo debe comportarse un político para adquirirla (“para conseguirla no basta nunca la sustancia y las mayores empresas serán inútiles si no las acompaña la publicidad”). XXI. De la fortuna, de cuánto puede en las cosas humanas y cómo cabe contrarrestarla.
En el tercer capítulo, sobre los enemigos, afirma nuestro autor que existen tres posibilidades: no tenerlos, tener uno o varios y que conviene para la estabilidad de la república tener varios. A su vez que los enemigos pueden ser de dos clases: secretos o públicos y sobre éstos se extiende afirmando que dan ocasión al político de mostrarse generoso cuando sea conveniente y también le permiten ser severo cuando se necesite. Aquí habla en el mismo sentido sobre los amigos: si un político sabe ganarse el favor de algún enemigo y no teme que se vuelva en su contra un aliado, conseguirá que sean cautelosos ambos, pero aquellos por esperanza y éste por temor.
Otros dos capítulos (el VII y el IX) abordan, respectivamente, la virtud y la fortuna como medios de adquisición del poder, ya sea con recursos propios o con los ajenos. Aconseja en el VII no confiarse totalmente de la virtud, que no puede reducirse a regla general y que en política los recursos son de tres clases: dinero, reputación y relaciones, que a la vez, pueden poseerse antes de convertirse en político o adquirirse en la práctica. Informa que es más fácil subir y mantenerse en posiciones de gobierno teniendo recursos propios pero que quienes no los tienen de inicio, acaso sean más prudentes o incluso avaros en su administración, por causa del esfuerzo para conseguirlos.
Cierra ese apartado hablando de otros dos recursos que sólo el tiempo otorga: experiencia e información y para la primera cita a Luis Marcelino  Farías hablando de la reelección legislativa como necesaria y para la segunda invoca a ejemplares como Fouché y J. Edgar Hoover que vieron pasar regímenes de orientaciones contrarias y sobrevivirlos. De la fortuna advierte: “un político no puede esperarlo todo de ella ni desesperar por no tenerla consigo”.
La obra completa merece atención serena y seria; minuciosa y completa. Si bien es una  actualización del texto original del ´95, es también más útil porque trae ahora ejemplos más modernos de políticos y acontecimientos cercanos que por su cercanía con el momento actual o mejor recordación, facilitan la comprensión de muchos aforismos y recomendaciones.
Es uno de esos textos necesarios que hay que tener a la mano para consultarlos con frecuencia. Retrata la dimensión completa de la condición humana frente al poder y al poderoso (y del poder frente a sí mismo y a los gobernados) sin contemplaciones éticas sino pragmáticas. Para quien quiera acompañarme en este juicio, lo califico de análisis crudo pero también de bien merecida reivindicación de la naturaleza y consecuencia verdadera de la buena política, que tanta falta hace.
El propio Escalante justifica su aportación a la biblioteca de Lecturas Presidenciales y con él termino por hoy: “Dícese mucho en este tiempo, tanto que empalaga, que el desgobierno y la miseria y la violencia, y el desarreglo todo de la cosa pública es por culpa de los políticos. Digo yo que no. Que no es por los políticos, sino por la falta de ellos. Porque hay muchos que se emplean en el oficio sin dotes, unos queriendo ser alguaciles… contables, frailes o usureros, otros más de vocación de comediantes… o bufones… Y eso se nota… Como que la votación les sale por las costuras del traje, y se muestra en todo lo que hacen y mucho más en lo que dejan de hacer. ”
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Licenciado en Derecho con 22 años de experiencia en el servicio público en posiciones de Dirección y Alta Dirección en la Administración Pública Federal, del Distrito Federal, en órganos autónomos (IFE, IEDF), en el Congreso de la Unión y en el sector privado. Candidato a Maestro en Derecho Constitucional y Amparo por la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados. Columnista semanal del periódico LA CRÓNICA DE HOY (columna TRAS BANDERAS los miércoles) generalmente en temas electorales o de análisis y comentario político. Profesor y conferencista en diversas instituciones de educación superior en Derecho. Colaborador ocasional de las revistas PROCESO, VÉRTIGO, EME-EQUIS, NEXOS, y del suplemento dominical ENFOQUE del periódico REFORMA. [email protected] Twitter: @sergioj_glezm