El pasado viernes27 de marzo se cumplió un mes de que se registró el primer caso de contagio de corona virus-COVID-19; para entonces se enfrentaba ya una emergencia de salud mundial por su fácil y rápida propagación y por la no existencia de una vacuna para contrarrestarlo. Lo que lo convirtió en una emergencia no únicamente de salud: también económica de tipo mundial.
También, el pasado martes, el gobierno Federal pasado hizo el anuncio formal de que nuestro país entraba a la Fase II; que se desplegaría el Plan DN-III y que pararía todas sus actividades, y ya, anteriormente, había ordenado la suspensión de todas las actividades educativas de todos los niveles. Ante estas medidas un poco tardías y lentas, las medidas más intensas – preventivas y de aislamiento – han venido de autoridades locales y del sector privado.
Más allá de las consecuencias mundiales generadas por esta pandemia – que ha provocado la caída de los precios internacionales del petróleo y un tipo de cambio superior a los 25 por un dólar, el impacto económico en nuestro país ya es tangible para amplios segmentos de la población que ha tenido que suspender actividades o cuyas fuentes de ingreso se han visto seriamente afectados por las medidas de distanciamiento personal y de aislamiento. El panorama no es halagüeño sobre todo para los sectores turístico – de todos los niveles – y para el gastronómico.
Para muchos, el gobierno federal ha desplegado una estrategia para intentar detener-contener la propagación de la epidemia, que ha priorizado prolongar el mayo r tiempo posible la actividad económica y aunque todavía no se ha puesto en jaque nuestro de sistema de salud, se trata de una apuesta muy endeble y arriesgada, pues de no resultar, las consecuencias no únicamente sanitarias, sino también económicas, en lo general y lo específico, catastróficas, como en Italia y España, en donde la crisis se agravó por la tardía reacción y respuesta de las autoridades de gobierno, y sanitarias.
De continuar con esta estrategia se entraría en un dilema, pues mientras que extender la contingencia a lo largo de 4 meses permitiría brindar atención médica requerida dentro de los límites y capacidades de nuestro sistema de salud, las dificultades de la actividad económica también se prolongarían.
Por eso es necesariamente imperativo complementar la contingencia sanitaria con medidas tendientes a aminorar su inevitable impacto económico, como la condonar-suspender el pago de todos los servicios públicos en los 3 niveles de gobierno, otorgar facilidades crediticias que permitan a las micro, pequeñas y medianas empresas sobrellevar y enfrentar esta contingencia – no despedir al personal, surtir las tiendas y apoyar al amplio sector informal de la economía, que en nuestro país es casi el 60% de la actividad económica.
En esta arriesgada acción, las pruebas realizadas y los casos reportados son clave, pues la estrategia seguida sería válida sólo si el número de casos reportados es real. En caso contrario, todo el gobierno en sus tres niveles – habrá actuado con total y completa irresponsabilidad.























