Es cíclico, natural y cotidiano enterarse de las actuaciones de los llamados órganos republicanos fiscalizadores de las instituciones y personas que manejan dineros públicos: La Auditoría Superior de la Federación, pasando por la secretaría de la Función Pública, que vienen a ser lo mismo y les pagan por hacer lo mismo – y sus órganos semejantes en los estados y en los municipios, así como las auditorías superiores de cada uno de los estados; se supone que debe existir funcionar algo semejante en los otros dos poderes: del poder Legislativo – para las dos cámaras – y del poder Judicial, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y el resultado de sus actuaciones llena espectacular, sensacional y amarillistamente las páginas de los medios de comunicación  impresos, los segundos de los medios de comunicación radiales y las pantallas  y redes con imágenes y declaraciones de lo mismo: opacidades, desvíos, sugieren delitos, fraudes, abuso del poder, etc., y etc.

LO más curioso es que ahí llega todo. Si existe un poco de intención, de voluntad política de alguna de las partes o le ven rentabilidad político partidista – visión de utilidad de Poder – continúa en los medios y el exceso sirve para, o desgastar o endurecer a los protagonistas, pero más allá, absolutamente nada.

Ahora, bien este es el punto del asunto: la rentabilidad política: hemos sido testigos de esto: El asunto del exceso de endeudamiento del ex gobernador de Coahuila. Su figura se destruyó y se hizo a tal grado que debió separarse de la presidencia del comité ejecutivo nacional del partido revolucionario institucional. Pero de ahí no ha pasado nada: A nadie, REALMENTE,  se ha llevado a los tribunales. A los servidores públicos o privados, se les detuvo y en menos de 72 horas se les dictó Auto de Libertad.

Dos casos de actualidad, en la administración federal: Los evidentes – así publicitados y difundidos – casos de la Estela  de la Luz – su real costo y la claridad en su administración, edificación y equipamiento  – y la tristemente célebre biblioteca nacional José Vasconcelos. En la administración estatal y municipal: Uuuuuuuuhhhhhhh y de los municipios, también Uuuuuuuuhhhhhhhhh. Y nadie hará, verdadera y realmente, nada.

Y en el inédito caso de que algún ex secretario de Estado, gobernador, ex secretario de Finanzas, ex miembro del gabinete  de algún gobernador fuera señalado por mala administración, desfalco, desvío de fondos, opacidades en su función, exceso, abuso de poder, todo se resuelve partidistamente y no ha pasado nada. (Pensar en llevar a tribunales a un ex presidente Y/O EX GOBERNADOR y castigarlo,  APARTE DE SUEÑO ES UNA ESTUPIDEZ).

Llega uno a la conclusión de que esos órganos fiscalizadores sirven para diez cosas: para nada, para nada, para nada y para 7 ¡”#$%&/()=¿?!  Esos órganos deberían ser realmente AUTÓNOMOS CON AUTORIZACIÓN DE ACTUAR SEGÚN PROCEDA.

Y AHÍ ESTÁ EL PROBLEMA: ¿Cómo transformarlos en autónomos? Un camino: arrebatándoles el monopolio del poder a los partidos.