Lo que está empezando a vivir nuestra sociedad y las instituciones de la República es algo inédito y desconcertante.

Absolutamente nadie puede predecir lo que sucederá.

Mas, dentro de los escenarios posibles es laudable y plausible los esfuerzos que realiza el gobierno de la República para informar sobre las precauciones personales y como sociedad para aminorar la intensidad del contagio y, hasta donde sea posible, su reproducción exponencial.

Son demasiados los aspectos que el la autoridad – en sus tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) debe cubrir, dentro de las prioridades nacionales: asegurar la seguridad y salud de la población nacional y sostener la economía nacional; en otras palabras, que estemos sanos y seguros y que todas las actividades económicas no se debiliten y no se convierta en un caos y que no se detenga y todos estén trabajando, si usted gusta, en actividad disminuida, pero no inmóvil y menos en anarquía.

Es en estos momentos en los que la sociedad espera ver congruencia, respeto y liderazgo en sus autoridades de gobierno, en este caso Federal, mas es realmente generadora de desconfianza la actitud del titular del Ejecutivo Federal ante la contingencia y creciente horizonte de crisis que plantea esta epidemia, que la Organización Mundial de la Salud- OMS – y la misma Organización de las Naciones Unidas –ONU – calificaron como alerta mundial y que la Primera Ministra de Alemania, Ángela Merkel, calificó como la más seria crisis tenida por el mundo desde la II Guerra Mundial, Andrés Manuel López Obrador, titular del poder Ejecutivo federal asume una actitud de desprecio e histrionismo en este momento,

Pareciera que a él lo mueven exclusivamente los niveles de aceptación social y para elevarlos toma esas actitud de merolico, de superstición, juego y hasta oposición a las recomendaciones de sus especialistas en salud y responsables de informar y tomar decisiones sobe esta situación de contingencia social nacional:

Se recomienda no saludar de beso, no saludar de mano y él hace lo que está pidiendo no se haga, como si fuera inmune y él, a la edad que tiene está dentro de la población de riesgo: se reúne con multitudes, besa en cachetes y saluda de mano y, lo más increíble: muestra sus escudos contra la pandemia: un billete de dos dólares y una especie de escapulario…¡Por Dios!

Si Andrés Manuel López Obrador, presidente de la República, tiene como modelo de gobernante a Don Benito Juárez García, poco valor concede a esa autoproclamación, asumiendo actitudes anticientíficas y de la Edad Media. Se desconoce si estas actitudes son definidas o asumidas para efectos de aceptación social y/o de sus feligreses, pero en momentos en que la sociedad espera de su líder una actitud de estadista, de liderazgo y sobrada capacidad y competencia para tomar definiciones en momentos de crisis, lo que se ve y lo que se le escucha afirmar tiene el efecto contrario: genera inseguridad y desconfianza. Se necesita congruencia.