En nuestro país, a pesar de que desde fines de febrero diversos comentaristas, científicos e instituciones prestigiadas del sector salud proponían establecimiento de medidas cautelares-preventivas y de control sanitarios en puestos-puertos de acceso al país, las autoridades políticas y de gobierno, tanto del país, como de la ciudad de México y de los estados miembros de la Federación, hicieron y hacían poco caso de estas sugerencias y los casos de contagio y decesos se están manifestando dentro del territorio nacional.
De conformidad con los datos proporcionados por el Consejo Nacional de Salubridad General – máximo organismo constitucional e institución responsable de detener, controlar y combatir esta pandemia – ya se tiene registro de fallecidos y de casos de contagio, que eran de esperarse, pues nunca se ordenó la aplicación – en ningún puesto de acceso a nuestro país ni en las caravanas de migrantes, ni se tuvo la colaboración , respaldo y coadyuvancia de quienes regresaron al país y, por la razón que haya sido, estuvieron en zonas de riesgo y contagio – de medidas preventivas y de control.
Y si se consideran los modelos de desarrollo de este virus, calificado por la OMS-ONU como pandemia – de China, Italia y España, presumiblemente, los escenarios serán catastróficos, considerando varios factores, entre ellos, la consistencia, cobertura, calidad de nuestra infraestructura hospitalaria y de nuestro sistema de salud – público y privado – y suficiencia de medicamentos, que estarán todos ellos a prueba.
Uno más será la cuestión financiera nacional y el gobierno de la República deberá tomar una decisión presupuestal y ante el tan gigantesco como imprevisto tamaño de la exigencia= demanda de recursos financieros muchos proyectos y programas nacionales podrían resultar afectados.
La resistencia de la población para aceptar las disposiciones recomendadas por la autoridad nacional – el Consejo nacional de Salubridad General -. Somos una sociedad muy dada e inclinada a desobedecer y ante la tardía actuación y de las instituciones de gobierno, la sociedad nacional es presa de desinformaciones y, frente a la evidente inseguridad de las autoridades y de gobierno, la sociedad nacional tiene miedo y temor. No existe una disposición, orden, indicación y recomendación oficial única y unívoca.
La muy evidente visión y percepción de desprecio ante la voracidad y contagio del virus por parte del presidente da la república, quien, en lugar de respaldar las medidas indicadas, hace a un lado todas las recomendaciones científicas y ¡usa escapularios y amuletos para combatir un virus que está despoblando a países europeos! Es evidente la ausencia de una actitud responsable, de política pública seria, responsable, de estadista, de liderazgo político congruente con la circunstancia, no de charlatán ni de merolico o de emisario de la Edad Media. Son tiempos de definiciones.
Nuevamente como hace 35 años, la sociedad nacional estará a prueba sobre todo la de los estados con mayor registro de contagios y fallecidos – que podría ser la ciudad de México, por su índice poblacional – y, ante la debilidad y desconfianza que generan la máxima autoridad política ya se está organizando y si lo hace rebasará a los gobiernos, como en el año del temblor y si lo hace muchas cosas cambiarán y, nacionalmente se hablará de un antes y un después del COVID-19























