Organizada por varios de los llamados colectivos femeninos, hoy es el Gran Día: se realizará en el la Ciudad de México marcha con el lema Un Día sin Mujeres, en el marco del Día Internacional de la Mujer y con la intención de mostrar fuerza y exigir el alto a la ola de feminicidios en la cual está inmersa la sociedad nacional.
Por toda la divulgación, propaganda y publicidad oficial o no, pero sí con el respaldo de las máximas autoridades políticas del país y de la ciudad de México hoy debe mostrarse gran participación.
Es deseable que no se presenten conatos de violencia y vandalismo, escudados en el anonimato y en secretismo que ofrece las capuchas, pero muy seguramente sí se presentarán. Y sería bastante lamentable que en el seno de una marcha que se presume blanca, inocente, que hace de la no violencia y del pacifismo a favor de todos, pero específicamente de las mujeres, surja la violencia y haya enfrentamientos y se combata la violencia con violencia.
Es indiscutible que las mujeres tienen tuvieron y tienen todo el derecho de manifestarse y demandar su mundo más tranquilo con igualdad y equidad; lamentablemente no faltaron y no podían faltar quienes abusan de sus libertades y derechos y en la bandera de esas libertades y derechos que demandan ocultan frustraciones, amarguras e insatisfacciones.
Curiosidades: la participación de la mujer en la vida de nuestra sociedad es indiscutiblemente protagónica, pero no la única: necesita el otro 50% para ser unidad. La participación de la mujer en los hechos delictivos está aumentando exponencialmente y, es más curioso porque va en contra de la explicable y natural presencia de las mujeres en aulas y espacios profesionales. Finalmente, en los recientes asesinatos de mujeres – y hombres – la participación de la mujer fue determinante: una mujer secuestro a Fátima y, presumiblemente, ella la asesinó; otra mujer, envidió un sombrero de $ 115 pesos e instigó a sus compañeros a secuestrar y asesinar a jóvenes estudiantes de la BUAP. Contra su dueña mostró su coraje, rencor y saña.
Se sería sumamente lamentable que este ejercicio, que de entrada tiene un formato inocuo, al final, en el fondo sea un ejercicio para confrontar a la sociedad.
Parece que existen personas físicas y morales – conservadoras y liberales – interesadas en fortalecer la secesión, del país, la división de la sociedad, azuzar el maniqueísmo entre los grupos sociales, pues aplican la máxima política que sostiene aquello de divide y vencerás.
Las mujeres deben recordar que el ejercicio pleno de sus libertades termina cuando inician los derechos de los demás.
Los seres humanos no se clasifican en función del color de su piel, ni por su sexo o por su nivel de su vida (ya sea en un sentido o en otro), sino según sus aptitudes y su trabajo personal. Igualitaria no es igualitarismo. Una sociedad democrática y republicana no es una sociedad sin desigualdades, sino una sociedad en donde el rango corresponde al mérito, y no es hereditario. Igual no significa idéntico. Y diferente no siempre significa desigual
Por ejemplo, los hombres y las mujeres no son iguales. Es un asunto de constitución física. Si no hubiese diferencias naturales entre los individuos, no existiría la necesidad de proclamar que son iguales en derechos y dignidades. ¿Dónde quedaría el mérito?
la discriminación de las mujeres es una cuestión de historia y no principios. La igualdad de derechos es poca cosa si no hay igualdad para acceder a ellos. (Juicios tomados de La República explicada a mi hija de Régis Debray)