Es conocido que la situación financiera del estado es, tan  inédita como desconocida; las cifras suben y bajan  y sobre este pantano informativo se  dicen y afirman cosas y surgen supuestos. Lo cierto es que  la realidad política se impone y no se puede ocultar  y estas indican muy pocas opciones. Partiendo del inocultable quebranto financiero, cualquiera de ellas  está en contra de la administración, y en contra de la sociedad michoacana, a la larga.
¿De qué formas un gobierno, una administración, puede allegarse dinero?
Primeramente, de sus recursos propios: impuestos, productos, aprovechamientos y  derechos, lo que indica o que habrá mayor tasa impositiva  o nuevos impuestos o encarecimiento de los servicios  que ofrece el estado, la administración: placas, tenencias, permisos, franquicias, expedición de documentos, porcentajes para las arcas del  estado del  costo de servicios, combustibles, etc., etc. Directamente los pagará el pueblo y quien solicite servicios de la administración estatal y municipal.

Asignaciones financieras de la secretaría de Hacienda – Federal -; lo determina los pactos, acuerdos, los convenios con la Federación y las relaciones político-administrativas, así como la capacidad de gestión  de los funcionarios políticos y de finanzas de la administración, así como la comprensión y hasta amistad de los funcionarios hacendarios y de la presidencia de la República; esto pronto se verá. El antecedente es que en la administración anterior hubo confrontación entre mandatarios y quien resultó perdedor en esta guerra entre mandatarios fue el pueblo  y los presupuestos del estado. En esta opción pronto se verá el resultado.
Desincorporación  – venta – de bienes estatales. ¿Cuánto le dejará el producto de malbaratar  lo poco que permite ingresos, limitados, pero  constantes, seguros y frescos? Además serán ingresos por única vez y el estado se quedará sin menos recursos; ciertamente los bienes son para resolver los males, pero ¿qué necesidad?
Deuda pública; es una opción – cualquiera que sea el formato, pero finalmente, dígase lo que se diga y quien lo diga, será deuda, aunque sea más chiquito el pago y a más años, pero será deuda -, acaso la que se usará, por la agudeza de la circunstancia que se vive; muy seguramente será la opción a seguir, porque las restantes son lentas  e inseguras.
Programas de austeridad. Desde la administración de López Portillo son la salida publicitada para tener la buena voluntad   de la sociedad, mostrando que los gobiernos también se aprietan sus cinturones, mas nada de eso es cierto ni seguro. A la inversa, se gasta más y se amplía la plantilla de la administración.
Verdaderas salidas. 1.-Optimizar el gasto. 2.-Recortar la planta administrativa. 3.- Racionalizar y optimizar la administración. 4.-Rebajar los honorarios,  salarios, prestaciones y servicios de los funcionarios. 5.-Eliminar lo superfluo, no indispensable de la estructura administrativa. 6.-Limpiar la administración: acabar con las ínsulas, y nichos,  de protección laboral: aviadores y desviaciones de recursos. 7.-Recuperar por la vía que sea, lo que se pueda.  Estas opciones son reales, pero la administración no se atreverá, realmente, a revisar su modo operativo, disminuir salarios y prestaciones y actuar por la vía jurídica para recuperar desviaciones. Se irá pro lo más fácil: reestructurar la deuda y transformarla en mayor obligación financiera, pagadera  en más tiempo, aunque en abonos más pequeños y se hipotecarán los ingresos, inversiones y desarrollo del estado, y su sociedad, limitándose su futuro.
Téngase presente que la deuda, en este momento, representa el 87% del presupuesto anual del estado, y los días e intereses siguen contando.
Los modelos de Grecia, Portugal y España – en todas sus facetas – están  muy cercanos: aprobación de medidas de austeridad y conflictos sociales.       Â