Al fin y después que desde la oficina de asuntos jurídicos de la Presidencia de la República se inició la confección-estructuración de un expediente sólido, cuentas bancarias congeladas, denuncias judicializadas, alerta roja de INTEREPOL, arresto de presuntos cómplices – entre ellas su señora madre, hermana suya y esposa, personas claves para que la Unidad de Fugitivos Internacionales, cuerpo de élite de la policía española que lo ubicó en zona residencial exclusiva de Málaga – uno de los suburbios más exclusivos de Europa – y siguió por meses, Emilio Lozoya Austin fue detenido, sin ofrecer resistencia, el miércoles 12 del presente.

La Unidad de Fugitivos Internacionales de la policía española, desde 2019 sabía las operaciones en España del ex director de la paraestatal PEMEX, pero en el mes de enero recibieron más pistas confiables para determinar que la persona que era vigilada sí era él.

Emilio Lozoya Austin usaba documentación falsa, pero estuvo bien localizado e identificado. Está acusado de vinculación con el caso de corrupción de la constructora Odebrecht y la compra – a sobreprecio, para cuya adquisición se solicitó y obtuvo un préstamo millonario de un pool banca rio – – de una planta de agronitrogenados – planta tratadora de fertilizantes -. Hasta el momento enfrentará cinco procesos, mas se le preparan otros dos.

Es fundamental que este caso llegue hasta el final, hasta el fondo y tope donde tope y si se llega hasta la cúpula de la anterior administración federal, podría decirse que ya hacía falta. Países del Cono Sur y de Centro América – Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Guatemala, Costa Rica – lo han hecho y no ha pasado nada, salvo que se rompieron tabúes y límites, aunque, pendularmente, la historia haya regresado, pero eso ya es otra cuestión.

Emilio Lozoya Austin es una pieza fundamental – no la única – para investigar la corrupción en el sexenio de Enrique Peña Nieto: de ser uno de los hombres del Primer Círculo, encargarse de comisiones financieras en campaña y posteriormente en los primero años de gobierno, se le señaló con las líneas de corrupción de la constructora brasileña – que ya salpicó a varios protagonistas políticos que fueron juzgados y sentenciados y recluidos en prisión, como Luis Inacio Lula Da Silva, en Brasil -.

Responsabilizar a Lozoya Austin fue un acto de ¿limpieza de mano o de autodefensa de la administración peñista?, que, si se llega al fondo y tope en donde tope, podría estar en apuros jurídicos el expresidente Peña Nieto.

La detención, proceso en España – dado que no aceptó la extradición – y condena jurídica de Emilio Lozoya Austin es oportunidad de la actual administración de confrontar, exhibir los actos de corrupción. Lozoya Austin es eje de la trama de una forma, estilo y formato de corrupción – de los muchos que existen y muy refinados y muy presumiblemente, dado que ciertamente, no se mandaba solo.

No vaya a pasar lo que, con los exgobernadores, que, apoyados en el encaje legal y con magníficos abogados, quedan libres e inmaculados, jurídicamente.