El lamentable y penoso asunto de Torreón está desbordado, por alguna razón.

Ya todo el mundo sabe lo que pasó y no viene al caso repetirlo hasta el hartazgo y hacer leña del árbol caído, ni siquiera para vender diarios y tener pegados al televisor a las personas, mucho menos a la radio.

Eso es perversidad.

Poco importa que esa familia esté vestida por el luto familiar y casi toda la familia haya-hubiera tenido sangriento final.

LO QUE IMPORTA ES EL FIN. DISTRAER.
NO LOS MEDIOS. NO LOS MEDIOS PARA HACERLO.

Sin embargo, existen buitres y hienas – personas físicas y morales – instituciones públicas en especial – que utilizan este tipo de lamentables e inéditos sucesos para distraer a la opinión pública.

Ahora están exhibiendo que el abuelo de Torreón es delincuente – ya fue juzgado y sentenciado por la vox populi,

Don José Ángel N es narcotraficante y tiene o tuvo negocios con la parte oscura de la sociedad; han sido congeladas sus cuentas, que reflejaron movimientos de hasta, o más de, 121 millones de dólares.

Poco importa que no se haya iniciado formalmente el proceso – fue hasta este domingo pasado, el 19, a las 12 horas – y se le declara sujeto a proceso, pero ya fue juzgado por todos.

Curiosamente, hasta el momento, la fiscalía general del estado lo acusará por uso-posesión de armas de uso exclusivo del ejército y por omisión y se le investigará por lavado de dinero … ¡Por Dios!

Otra curiosidad, si se le juzga por omisión, ¿cuántas y cuántos protagonistas políticos deberían ser juzgados por omisión, empezando por el presidente de la República, el militar responsable de los sucesos de Culiacán, la imparable inseguridad nacional, estatal y municipal, los boquetazos en las vialidades, el flamazo en Tlahuelilpan, Hgo., el inacabado festín de los huachicoleros – no hay detenidos en ninguna de las rutas de los ductos de la paraestatal, ETC.

¿Le seguimos?

Es lamentable el fin de la familia y desconocemos en qué vaya a terminar este asunto, pero dejemos que el proceso siga su marcha y no festinemos ni exhibamos a personas inocentes, que lo son hasta que se les demuestre lo contrario. Por salud social.