Los refranes españoles tienen una afirmación: NO HAY PLAZO QUE NO SE CUMPLA…NI FECHA QUE NO SE LLEGUE y, finalmente, para Donald Trump, 45° presidente de los Estados Unidos, se le cumplió la sentencia popular ibérica: esta semana, presumiblemente el martes 21 del presente, mañana, se inicia la fase decisiva de su juicio político – el impeachment, tan temido y que únicamente tres presidentes de esa nación lo han enfrentado y resuelto.
El protocolo, visto desde hace veinte años – procesión de siete legisladores recorrió la rotonda del capitolio, sede del poder Legislativo de Estados Unidos – la cámara de Representantes (equivalentes digamos, a nuestros diputados federales) el pasado miércoles 15 del presente, desde su pleno, rumbo a la sede del Senado. El motivo de este recorrido fue la entrega de los artículos que establecen los cargos para iniciar el tercer impeachment – juicio político -, contra el presidente de los Estados Unidos, quien, de acuerdo con el partido y representantes Demócratas, traicionó al país, a la patria y puso en riesgo su institucionalidad.
Este protocolo se vio, después de que los representantes demócratas, con una contundente mayoría en la cámara de Representantes, liderada por los demócratas, votó, 228 a favor y 193 republicanos en contra, por continuar con el juicio político contra su presidente.
De acuerdo con el protocolo, la jefa-presidenta de la cámara de Representantes, Nancy Pelossi, la mujer más poderosa de los Estados Unidos, nombró a sus gerentes o fiscales – siete – para contra todo pronóstico, convencer a la mayoría republicana que tiene la gobernabilidad del Senado, de que Donald Trump abusó de su poder al extorsionar al gobierno de Ucrania para que investigara a su posible rival, – Joe Biden – y obstruyó las investigaciones del Congreso en torno a estas sospechas.
Para esta operación – impeachment, Pelossi nombró a dos enemigos de Trump en el Congreso y conocedores a detalle de las investigaciones que se desarrollaron el en la cámara, para acusar al magnate; se trata de los presidentes de los comités de Inteligencia, Adam Schiff, y de Justicia, Jerrold Nadler.
Schiff fue fiscal federal y es el líder incuestionable de la investigación. Su comité de inteligencia se unió a otras comisiones legislativas para integrar el expediente y no únicamente realizó la investigación: la supervisó e interrogó a colaboradores de Trump. Nadler encabezó la segunda fase del impeachment y fue el responsable de sentar las bases constitucionales para la adopción de los dos cargos. A ellos se suman Jason Crow, val Demings, Sylvia García, Hakeen Jefries y Zoe Lofgren.
Los demócratas asegurar que las acciones de Trump fueron un abuso de poder porque Trump presionó a un gobierno extranjero para que interfiriera en una elección estadounidense para su beneficio, a expensas de la seguridad nacional. Los republicanos argumentan que las acciones de Trump no ameritan un juicio y acusan a los demócratas para anular otra victoria electoral.
Si los demócratas pierden, la reelección de Trump será un hecho. Si gana, Trump deberá ser separado del cargo de presidente de los Estados Unidos. La suerte está echada.























