Buena parte del mundo está expectante por las acciones del presidente 45° de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump: recientemente y en forma directa y pendenciara, ordenó ataque aéreo de los llamados drones, bombardear con el fin de asesinar al segundo hombre fuerte de la República de Irán – Soleimani -, por la peregrina razón – sin comprobar, de que preparaba diversos ataques a intereses-puntos estratégicos-posiciones norteamericanas en varias partes del mundo – sin especificar en cuales y es que la legislación norteamericana registrada o no, por ciertas convenencieras definiciones políticas le permiten previamente actuar por motivos de seguridad nacional.
La respuesta de Teherán fue medida y mediante el envío de cohetes dirigidos a determinadas bases en donde estaban acantonadas elementos de las diversas corporaciones norteamericanas en esa zona, más curiosamente no hicieron daño a nadie. Sólo chatarra y se convirtió en más chatarra. Casi todos los medios de comunicación explotaron el sensacionalismo: el mundo se perfilaba hacia la guerra, situación verdaderamente lejana, por varias ci5rcustancias.

Primero, Teherán-Irán no es enemigo de Estados Unidos; son hermanos en intereses petroleros; el real e histórico enemigo norteamericano es Irak; país que durante el caudillismo del llamado sátrapa Sadam Hussein lo puso en ridículo y casi, casi lo derrota.

Por alguna razón que aun se desconoce ordenó ese atentado y lo pontificó.

Segundo, como nuestro presidente, lleva cotidianamente, gráficas y encuestas sobre su popularidad y utiliza diversos medios políticos para acrecentar los índices de popularidad y aceptación o rechazo de su imagen, con la verosímil intención de ganar la reelección.

En este momento Donald Trump está en el trampolín para saltar y fortalecer su decisión de la reelección. Tiene dos grandes eventos que está coordinando muy bien y con éste del sensacionalismo del polvorín en el Medio Oriente, son tres.

Primero, el sonado caso del juicio político en su contra encabezado por los republicanos y la representante demócrata Pelossi; como el proceso está detenido pues los demócratas esperan las más propicias circunstancias político sociales para iniciar la fase decisiva y ganarlo y sepáralo del cargo, Trump considerado obligado estar en los Medios de Comunicación, sea por lo que sea, pues si no está en los medios, no existe.

Segundo, tiene todo el dinero del mundo para la reelección. Sus simpatizantes le han doblado los fondos de campaña, en un porcentaje, en este momento, del 25% superior a su campaña que lo llevó a la presidencia y como la política y las campañas políticas se hacen y se ganan con dinero, lo tiene a manos llenas y los precandidatos demócratas, ni juntos se acercan a la cantidad que tiene su comité de campaña.

Este affaire de Irán, lo usa y explota, pues en política importa el fin, no los medios. Dentro de las razones internas de su decisión es un mensaje fertilizante al prurito orgullo y belicoso de sus simpatizantes y alentar el espíritu guerrero norteamericano, pero una guerra… ¡Nadie de y en los Estados Unidos la quiere! Una cosa es amagar y explotar el miedo y otra es declarar y entrar a una guerra.