Por: Carlos Álvarez Acevedo

Los derechos políticos de la mujer han representado para México verdaderas luchas contra la visión aristotélica —seres humanos inferiores— tan finamente incrustada en varios sectores de la sociedad. Antecesoras valiosas atestiguaron un incansable deseo por alcanzar la igualdad ante los hombres, o como dicta hoy la ley, igualdad de género.

Las mujeres han ganado terreno político sin que esto signifique que los hombres hayan perdido espacios. La mujer ha pagado altos costos, incluso más que los de sus pares, por ello resulta incomprensible que, con tanto camino recorrido, hubo, en la Legislatura federal saliente, mujeres que en el primer día de sesiones hicieron a un lado la encomienda conferida y, como consta en el diario de debates, solicitaron licencia indefinidamente. Todas cedieron su curul a suplentes del sexo masculino.


Si bien es una postura política el hacerse a un lado, también lo es el no hacer nada, y para eso no se necesita hacer carrera política. México es el verdadero perdedor con estos actos, se quedó sin esperanza para generar verdaderos cambios en la equidad de género. En este caso, las mujeres no se dieron ni nos dieron la oportunidad para conocer sus capacidades.

El punto no es haber solicitado licencia, es que no vimos a varón alguno hacer lo mismo por una suplente femenina. La ley es clara en cuanto a cuotas de género que los institutos políticos deben cumplir. Sin embargo, el género ha dejado de ser objeto de estudio para convertirse en un hecho social sin cuyas aportaciones no hubiera sido posible el desarrollo democrático, la igualdad y el reconocimiento hacia las mujeres que han logrado desmantelar parcialmente viejas estructuras patriarcales.

Los planteamientos feministas sobre el empoderamiento de la mujer deben ir más allá de lo estrictamente diferente, deben despojar a hombres y a mujeres de barreras que la misoginia erige, deberán ser congruentes entre el decir, actuar y ejecutar.

Resulta aberrante escuchar que no hay “peor” jefe para una mujer que otra mujer, sin embargo, esto no falta a la verdad en muchos casos. Creo firmemente que la mujer no es el antónimo del hombre ni viceversa. Es innegable que la opinión sobre supuesta inferioridad de la mujer contra el hombre se sostenga en el prejuicio social y cultural que invalida consideraciones a propósito de la idoneidad de éstas para el ejercicio político.

Hago votos por que partidos políticos y dirigentes generen a todos y todas oportunidades de calidad y no sólo de cuotas para 2012. La mujer tiene suficiente capacidad política, la historia lo demuestra, allí están, para la posteridad, Juana Inés de la Cruz, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Carmen Serdán, Elvia Carrillo Puerto, Rafaela Varela, Rosario Castellanos, Griselda Álvarez. ¿Necesitan más ejemplos?

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.

Politólogo con estudios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Consultor Político. Director General de Gurú Político. Editor de SinEmbargo.MX. Asesor de AdQat, Análisis Avanzado del Discurso Político. Consejero Ciudadano del Observatorio Mexicano de la Homofobia (OMHO). Ha publicado en diversos medios nacionales, cómo Excélsior, y portales en línea. Correo: [email protected] Twitter: @GuruPolitico Facebook: ElPoderdelasIdeas