El último domingo de noviembre, en la ciudad de México – además de varias ciudades del país y en buena parte del mundo – se realizó marcha en contra de la violencia contra las mujeres y para el cuidado y protección de este evento fueron destinadas poco más de 4500 personas, entre policías femeninas y trabajadores del gobierno de la ciudad de México.
(Si bien es cierto, la violencia contra las mujeres ha crecido exponencialmente en todos los sentidos y de todo tipo, también es cierto que las damas hacen muy poco para revertir este fenómeno, esto por un lado y por el otro, la participación de las mujeres en actividades delictivas, curiosa y alarmantemente van al alza y esto debe preocupar a todos – ciudadanos, miembros de familia y protagonistas políticos).
Las autoridades de la ciudad de México y del gobierno de la República sabían que no únicamente la violencia haría acto de presencia; también esperaban el vandalismo y todos ellos hicieron acto de presencia.
Deben llamar la atención estos hechos:
Indebidamente – y es la segunda ocasión que se utiliza – que se formó un escudo humano, una cortina de trabajadores, de burócratas, del gobierno de la ciudad de México o de militantes de MoReNa que en vallas trataron de proteger a las manifestantes que demandaban=exigían protección y detención de la violencia en contra de ellas, las mujeres.
Esto no debe ser ni repetirse. No es recomendable que los trabajadores, así les hayan prometido día libre, salario triple o bonos X, W, B o lo que haya sido – se transformen=conviertan en escenografía, en débil escudos para detener a los bárbaros.
Afortunadamente no hubo daños mayores – como lesiones y cirugías o golpes mayores o enfrentamientos -, pero no debe repetirse que, ante la imposibilidad o la inefectividad de los gobernantes, el mal uso de la política pública como constructora de puentes, se exponga físicamente a seres humanos. Esto es algo increíble, casi, casi como carne de cañón, como escudos humanos ante los bárbaros de Atila y podría tipificarse como delito, pues se conocía el riesgo de exposición.
Este hecho – el cordón-escudo humano – es una salida rápida ante el fracaso de la política pública del incivismo e incompetencia del gobierno de cualquier nivel y color para NO APLICAR LA LEY.
Es evidente el fracaso de la política pública de Besos y Abrazos y no balazos.
Tal parece que el estado-gobierno tiene miedo de actuar y hacer uso del legítimo derecho de usar la fuerza legítima del Estado para restablecer el Estado de Derecho.
NO ES LO MISMO USO DEL LEGÍTIMO PODER Y FUERZA DEL ESTADO PARA RESTABLECER EL ORDEN QUE REPRESIÓN.























