Es indudable que vivimos una época de cambios, de todo y para todo.

Sin embargo, lo central, lo básico, no cambia. Pareciera que una rama se bifurca y de ella surgen otras derivaciones y se constituye una arborización social y política.

Lo que no cambia y es prioritario es el esquema social: Baja, Media y Alta y existe una norma, a la cual todos debemos atenernos: todos somos iguales ante la ley.

Sin embargo, existen grupos de ciudadanos que tiene derecho preferencial, digamos de picaporte, que son impunes y que los elementos responsables ed ofrecer seguridad pública a la sociedad, respetan y los cuidan para que nadie tenga la osadía de romper sus columnas, sus escudos, sus, manifestaciones, sus marchas y sus acciones, así sean delictivas.

Estos grupos de ciudadanos son los contingentes de la llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y los miembros de asociaciones de estudiantes de las escuelas normales públicas del estado de Michoacán.

Ellos, en masa, tienen preferencia en todo.

Pueden hacer lo que quieran, destruir, lo que sea.

Vandalizar lo que se les antoje.

¡Ay de aquella persona que intente romper, impedir, pasar sus cordones, sus manifestaciones, sus bloqueos! No importa sus arzones, así sean de vida o de muerte.

No importa los daños financieros, materiales, laborales, escolares, etc., etc., etc.

Y es ya típico, clásico, como táctica y estrategia política de lucha, se tomen casetas de pago de cuotas en autopistas, se obstruyan las vías del ferrocarril, acceso a centros comerciales que teniendo como respaldo las expresiones presidenciales ed que no habrá represión y de que el gobierno no reprimirá, hacen su agosto en el mes quesea.

Y también son ya rutinarias las expresiones de las autoridades políticas y de seguridad de que no habrá impunidad de los miembros de estas asociaciones, con todo y de que son tantas y tantas las demandas interpuestas ante las instancias de justicia – federal, estatal y/o municipal – y sean millonarias las pérdidas que dejan a su paso.

Esto, por lo menos en Michoacán, genera desconfianza en los sectores económicos, financieros, sociales y policiacos y esta condición social no muestra signos de cambio y esos grupos vandálicos seguirán haciendo de las suyas a ciencia y paciencia de los obligados a cumplir y hacer cumplir las leyes.