Finalmente, después de una larga, desgastante y hasta tormentoso proceso de elección y designación de la presidencia nacional de otra de las instituciones autónomas nacionales, la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el llamado ombusdman-ombusdempearson y, que se llegó hasta los golpes y enfrentamientos no únicamente verbales, sino hasta físicos, en los que se exhibió la disciplina de la bancada de MoReNa, la omisión, silencio y hasta complicidad de la bancada, y su líder, del PRI, así como la habilidad negociadora de Ricardo Monreal Ávila, alfil del presidente de la República y presidente de la Junta de Coordinación Política, la hija de Rosario Ibarra de Piedra, Rosario Ibarra de Piedra fue elegida presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ya protestó como su nueva presidenta.

Con las virtudes y defectos que tenga y haya tenido la CNDH, no se merecía que quien la encabezara fuera designada, con guante de terciopelo, por el presidente de la República, a través de la actuación de Ricardo Monreal Ávila y a través de un tortuoso proceso demasiado desaseado, confuso y tan controvertido.

Una de las preguntas que generó la designación de Rosario Piedra Ibarra es sobre el perfil de quien debe dirigir esta Comisión: ¿O una víctima del no respeto a los derechos humanos – por la histórica lucha de su madre en la búsqueda de su hijo y hermano de la hoy presidenta o debe ser un especialista en la materia de los Derechos Humanos, con conocimientos de la realidad nacional y con convicción y principios sólidos que los defina?

La pregunta ahí queda y su respuesta se dará a través de su actuación ante la realidad.

Una de las primeras consecuencias de su elección-designación en el Senado de la República fue la renuncia de Alberto Athié Gallo, como presidente del Consejo Consultivo de ese organismo., renuncia a la que muy probablemente seguirán otras de sus integrantes, inconformes con el desarrollo de este proceso, algunos de los cuales, como él, aspiraron al cargo.

En su corta, escueta y breve, pero directa carta de renuncia, dirigida a senadora de la República la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Kenia López – del PAN -, le informó de su decisión y después declararía como muchos representantes de organizaciones sociales, que como la activista, militante y ex candidata de MoReNa a una diputación local, además de su cercanía con el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha dejado, ha perdido su autonomía.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos es una instancia conocida a la cual la ciudadanía acude y en buena medida le creen y el proceso mediante el cual la actual presidenta fue electa le puede perjudicar a la institución: la defensa de los Derechos Humanos es transversal y va más allá de un sexenio.

El presidente de la República ya tiene en su gobernabilidad otro organismo autónomo y en su mira está el Instituto Nacional Electoral y su equipo ya tiene sus posiciones y armas listas.