De una forma sorpresiva, inesperada, Evo Morales, ahora expresidente de Bolivia, renunció a la presidencia de la República andina de Bolivia, por recomendación de las fuerzas armadas, más la policía, después de casi 14 años, Evo Morales, el primer indígena – Aimará – en gobernar Bolivia, se apartó de la presid3encia, en medio de presiones de todo tipo – internas – de la oposición y de las fuerzas armadas – ejército y policía – – y externas- de la OEA (Según sus auditorías hubo demasiadas irregularidades que obligaban a repetir el proceso electoral) y de la UE -, después de un cuestionado proceso electoral que le daba la victoria para acudir a la Segunda Vuelta – y de triunfar, iniciaría un cuarto mandato consecutivo.

No hay lugar a dudas de que los militares decidan el destino de un gobierno y obliguen a la renuncia de alguien en el poder es, indudablemente, un golpe de Estado.

Que las Fuerzas Armadas de Bolivia sugieran la renuncia de Evo Morales, y su posterior dimisión como presidente, es un golpe de Estado.

Es indispensable entender que reste golpe de Estado no surgió de la nada: es consecuencia de una larga serie de decisiones en las que Evo Morales dobló a las instituciones democráticas, rompiendo las reglas del juego.

Evo Morales llegó al poder después de una larga lucha como dirigente sindical indigenista y haciendo de su identidad un argumento: un indígena Aimará, en un país profundamente desigual, en donde más del 62% es de origen indígena; jamás en su historia había tenido un presidente de la República de origen indígena. En ese momento la Constitución vigente, la de 2004, señalaba en su artículo 87° que: el mandato improrrogable del presidente de la República es de cinco años.

De la mano de un profundo descrédito de los partidos históricos y tradicionales, co9n amplio respaldo popular y apalancado en un alza en los precios de las materias primas – en especial después del hallazgo de grandes depósitos de gas natural que le permitieron ampliar el gasto sin afectar seriamente a los más ricos -, Evo Morales llegó legítimamente al poder en 2005 y pudo llamar y convocar a una refundación de Estado para declararlo plurinacional y, entre otras cosas, tener otra constitución.

Y la nueva constitución – la de 2009 – su artículo168° señalaba que el periodo del presidente sería por cinco años y pueden ser reelecta so reelectas por una sola vez de manera continua y, así, realizadas nuevas elecciones Evo Morales se presentó a nuevas elecciones – 2009 – fue reelecto constitucionalmente.

Pero llegado el fin de su mandato de 2014, en lugar de retirarse como lo había prometido, argumentó que su primer mandato no contaba porque había sido bajo otra constitución, así que participó en otras elecciones en 2014, y ganó. Y en 2016 decidió preguntarle a su pueblo, para no equivocarse, si debía presentarse a otra elección en 2019; para esto realizó un referéndum en 2016, que, sorpresivamente, perdió.
Rompiendo su palabra e ignorando el resultado de las urnas, el oficialismo – su partido Movimiento Al Socialismo – MAS – acudió al Tribunal – afín a él – y preguntó si de todas formas podía presentarse a elecciones para un cuarto mandato, lo cual le fue concedido para “NO ATENTAR CONTRA SUS DERECHOS POLÍTICOS”.

Así fue como Evo Morales llegó a estas elecciones.

El golpe de Estado es un hecho, pero también es cierto y evidente que Evo Morales estiró la liga y dobló a las instituciones democráticas a su antojo.

Mas ninguna de las dos acciones – la de Evo Morales y la de la sugerencia de las Fuerzas Armadas – son acciones democráticas.

Debe llamar la atención que las Fuerzas Armadas se muestren, por las razones que sean o hayan sido, como el Fiel de la Balanza, sustituyendo las funciones y acciones de los otros dos, poderes Republicanos – Legislativo y Judicial.

Si el golpe de Estado es un hecho, también lo es que este suceso político llevó a Bolivia a una crisis política, de la cual solamente la fortaleza de las instituciones republicanas y la madurez político –social de la sociedad evitarán el estallamiento de una guerra civil.