El 45° presidente de los Estados Unidos, el magnate inmobiliario, de resorts y showman, Donald Trump, se vio obligado a cruzar el Rubicón.
Semejante a Julio César, el creador de la República y que colocó las bases militares y jurídico-políticas para la conformación del Imperio Romano, su suerte está echada y en unos tres o cuatro meses se sabrá o si es sujeto de juicio político – el temido impeachment – y debe ser separado de su encargo – la presidencia de los Estados Unidos, y salir de la Sala Oval de la Casa Blanca o si está en condiciones de ganar la reelección y conservarse en la titularidad del poder Ejecutivo del país más poderoso – económica, militar, tecnológica, política, cultural, etc., etc. – de la tierra, en este momento.
El partido Demócrata, que tiene la gobernabilidad de la H. Cámara de Representantes – su cámara baja – logró un acuerdo por mayoría natural, de abrir el proceso jurídico-político- electoral que, si sus esquemas-formatos procesales políticos en el H. poder legislativo, dan el resultado deseado, llevaría a Donald Trump a enfrentar cargos penales – obstrucción de la justicia, confabularse con otros países – particularmente con su archienemigo Rusia – para impedir que Hilary Clinton Rodman – desprestigiándola – obtuviera los votos necesario para que el Colegio Electoral Norteamericano le entregara los votos necesarios para triunfar en el pasado proceso electoral por la presidencia de los Estados Unidos y, ahora, más recientemente, continuar con ese trabajo clandestino para obstaculizar e impedir que sus posibles y muy probables oponentes político partidista – particularmente, Joe Biden, hasta el momento el más probable y posible protagonista político del partido demócrata – sea el candidato de ese partido a la titularidad del poder Ejecutivo norteamericano.
Si el partido Demócrata construye esta acusación sin ninguna duda razonable, nadie da por Donald Trump dos centavos.
Particularmente, por las grandes razones siguientes: 1° El concepto muy tradicional y actuante de los ciudadanos norteamericanos de la justicia. 2° La percepción de que su presidente de la República debe ser un ciudadano con un perfil de honestidad y de transparencia inobjetable, irrecusable y sumamente respetuoso de la ley. 3° La autonomía del poder judicial y de sus instituciones: los jueces. Y 4° El que Donald Trump hubiera acudido a su acérrimo enemigo político-económico y militar – Rusia – para condicionar su ayuda y, además, de solicitarla de presidente a presidente – a Putin –con la finalidad de confabularse para intervenir en sus procesos electorales, aunque su economía – macro y micro – estén muy bien y su poderío militar sea aplastante, no es muy bien aceptada por la mayoría de los ciudadanos norteamericanos.
De conformidad con las últimas y más recientes y confiables encuestas, su popularidad=aceptación social está bajando – tanto social como partidistamente y aunque Donald Trump pudiera contratar a los mejores bufetes de abogados en derecho electoral y en cuestiones legislativas, si el partido Demócrata logra construir su acusación muy sólida, sin lugar a duda y demuestra que Trump se confabuló para obstruir la justicia -, como en efecto lo fue, pero debe demostrarse, Donald Trump debe ser separado del cargo, por mandato judicial.























