Tradicionalmente se considera y así es aceptado, que el titular del Ejecutivo Federal, son dos y hasta tres personas en uno, como la Divina Providencia: una de ellas es la persona física, en este caso Andrés Manuel López Obrador; otra de ellas, el alto funcionario federal y la tercera, el presidente de la República; el orden es lo de menos, pero esas son las tres personas en u no.
Curiosamente, es la primera ocasión en que el titular del Ejecutivo Federal, no ejerce esas figuras separadas y, por lo menos, así parece ser, aunque también podría ser una actitud muy barroca, muy simulada.
Dos tres sectores de sus actividades permiten el surgimiento de juicios como éste:
Su actitud con los Medios en las conferencias de prensa de lunes a viernes, la sala de prensa o de medios, en palacio nacional.
Con la justificación de que su pecho no es bodega; de que tiene otros datos y de que es dueño de sus silencios, su relación con los medios es demasiado ríspida y asimétrica y no existe ningún día de la semana en que no se de una confrontación.
Si bien es cierto, él, como presidente de la República, es la información, desea ¿qué? ¿Que se difunda? Seguramente se hará, pero ¿por qué el choque?
Eso, por un lado, por el otro y es el centro de estas líneas, existen áreas que deben ser secretos de Estado, por la argumentación jurídica usada por él mismo para destrabarlos amparos contra la obra de Santa Lucía: Seguridad Nacional. El hecho de haber autorizado se difundiera el nombre del director de la agencia de análisis e información sobre el narcotráfico – DAIN -, dejó mucho qué desear, pues colocó en el horizonte de blanco a su titular. Debió quedarse callado o afirmar una salida de las muchas que existen, administrativa y técnicamente: por seguridad nacional no se debe conocer esta información o algo parecido, mas como su pecho no es bodega, dijo lo que debía callar, lo cual no es un comportamiento institucional, de Hombre de Estado.
Pareciera que está siguiendo el perfil de comportamiento de Donald Trump: si aquél tiene en su twitter el arma con el que desestabiliza y ataca y los medios televisivos, principalmente, pues finalmente fue y es un showman, Andrés Manuel López Obrador tiene, también, en sus conferencias mañaneras su arma para atacar, exhibir, confrontar, contener, atacar, disuadir y hasta agredir, con toda la fuerza del poder presidencial, estableciendo una relación muy asimétrica en donde, a pesar de todo, él lleva las de ganar, pues como lo afirmó el secretario de seguridad pública: ninguna fuerza supera a la fuerza del Estado.
Una nota más, es que esta actitud de p oca disposición para establecer una actitud-conducta de Estado es imitada: la secretaria de gobernación en momentos posteriores a la protesta del gobernador Jaime Bonilla Valdez, en escenario muy viciado, dio un juicio muy comprometedor sobre el periodo de gobierno del señor Bonilla Valdez…es de 5 años, porque así está una legislación, cuando su juicio debió ser, como finalmente lo terminó: la Suprema Corte de Justicia dirá la última palabra. Yo asistí a este acto institucional, por indicación presidencial en cuya representación asisto. Y.
Pero, no. No guardan las formas. ¿Por qué?
¿O sabe algo que la inmensa mayoría de los mortales ignoramos?























