Y si acudimos a la geografía nacional por todos los medios nos enteramos de los hechos delictivos que hacen que se desborde nuestra capacidad de asombro.
Recientemente, Aguililla, Guerrero, Chiapas, estado de México, ciudad de México, Veracruz, Tamaulipas, Sonora, Chihuahua, Guanajuato, Michoacán, Colima, Jalisco, etc., etc., etc.
Estamos viendo y viviendo una etapa social histórica:
Jamás en nuestra vida como nación se había presentado una época tan llena de falta de respeto, a las fuerzas del Estado.
Iniciando con los ciudadanos comunes y corrientes: inicialmente, verbalmente se enfrentan a elementos de las corporaciones de seguridad ciudadana-pública, posteriormente los agreden, los desarman, los vejan, los humillan y, finalmente, los atacan, los emboscan y los asesinan.
Los sangrientos hechos de Aguililla, de nuestro estado y de Tepochica, en el estado vecino de Guerrero, así como los de la ciudad de México, en la alcaldía de Cuajimalpa y lo más reciente en Culiacán, Sinaloa – se vivieron por lo menos seis horas de balazos e incertidumbre que se cancelaron-suspendieron corridas de autobuses y se detuvo la vida en la ciudad y, al delincuente detenido, uno de los hijos-herederos del imperio de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, el cartel de Sinaloa -– se le dejó en libertad….¡porque no se quiso un efecto social con daños colaterales! – lo cotidianos en todo el país, son muestra de que la inseguridad social, como conflicto social está en ascenso.
¿De qué sirven los millones y millones de pesos usados en la adquisición de equipo de escucha – le llaman de inteligencia -, de equipo y armamento para las corporaciones militares y paramilitares…si no existen resultados sociales, traducidos en paz, estabilidad y quietud sociales?
¿Cómo se puede confiar en políticas públicas si el criterio del titular del Ejecutivo Federal es que LOS NARCOS TAMBIÉN SON PUEBLO Y TAMBIÉN SON HUMANOS…EL GOBIERNO NO REPRIME AL PUEBLO?
¿Cómo se puede confiar en los funcionarios públicos que minimizan los sucesos: ¿ESO QUE SUCEDIÓ EN MICHOACAN… ¿PASA TODOS LOS DÍAS EN EL PAÍS – palabras de la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero? (¡Y efectivamente, sucedió casi simultáneamente en Guerrero y en la alcaldía de Cuajimalpa!)
¿Cómo se puede confiar en responsables de las áreas de seguridad, cuando el secretario de seguridad Federal, Alfonso Durazo, afirma: En la lucha contra la delincuencia, ¡Nada por la fuerza!
Las políticas públicas de seguridad están llenas de palabras franciscanas y los delincuentes, aunque son humanos y pueblo, atacan al mismo pueblo y sólo, y solo entienden el lenguaje de las armas, no las oraciones, ni las jaculatorias, ni las invitaciones a pensar en su mamá y en sus abuelitos.
La política pública sobre seguridad debe configurarse desde el municipio, no desde un escritorio; desde la escuela, desde la familia y desde la administración: terminar con la impunidad, con la ineficiencia y corrupción en los juzgados y, finalmente, con el temor, respeto a la ley y gobernar con el ejemplo.