Dos sucesos de días recientes, y uno de hace poco más de un bimestre, aproximadamente, muestran que el titular del Ejecutivo Federal Andrés Manuel López Obrador está tendido como bandido – valga la expresión común – que muestran que está decidido=empecinado – lo que es magnífico -, que está encaprichado – que es grave – y que está encamachado – lo que podría ser peor dentro de lo grave -, a hacer y que se haga lo que él, como persona (¿?) desea, está decidido y quiere que se haga como él lo dice, cuando él lo dice y con lo que él dice: un inmisericorde y destructivo manejo los medios usando todo el poder omnipotente de la coordinación general de comunicación social de la presidencia de la República.

De más recientes a más lejano: el asunto de la inédita renuncia a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, del ahora ex ministro Medina Mora, el caso de los amparos sobre el aeropuerto en la base militar de Santa Lucía para lo cual la oficina de la presidencia de la República invocó los términos “interés nacional” y “asunto de seguridad nacional” y, finalmente, el caso Rosario Robles Berlanga.

Sobre la renuncia, el exministro en una carta difundida señala en el diario El Universal que existe mala intención, mostrando datos de su cuenta bancaria en HSBC y precisa que únicamente esa información debe proceder de alguna instancia o persona física=moral interesada en y para obtener y difundir la información y, finalmente, al abogado Medina Mora se le está ahogando bajo una catarata de información que, sin darle oportunidad de ir a juicio, se le está condenando como corrupto y vinculado con lo oscuro de la sociedad y de eso que le llaman política.

Sobre la invocación de los principios de interés nacional y de seguridad nacional, realmente ese aeropuerto es estratégico para la seguridad nacional y realmente su construcción es de interés nacional, pues, inicialmente, ese mismo principio pudo aplicarse al proyecto – ya en un avance del 40% – del aeropuerto de Netzahualcóyotl y, con todo y que se debió pagar hasta un sobreprecio del 25%, y se echó para atrás y eso, que ese pago se hizo con dinero del pueblo, público y poco importó.

Sobre el caso de Rosario Robles, se le detuvo cuando la misma legislación señalaba que no se debía detener pues su delito no lo exigía y ya tras las rejas, la ahogaron con hechos y datos presumiblemente corruptos y de abuso de poder y, finalmente, la juzgaron y condenaron si darle oportunidad de un juicio.

En estos tres casos es evidente que se está ejerciendo un poder total, omnímodo, vertical con el afán de mostrar que sólo y solo existe un poder, que no importa la ley ni el tejido legal y que, particularmente en el caso del ex ministro Medina Mora, el titular del Ejecutivo federal tiene la in6tención, el objetivo, la finalidad de presionar y presionar al poder Judicial y su máximo órgano, la Suprema Corte de Justicia, hasta que él tenga mayoría en sus ministros – ya tiene tres y con el que propondrá, tendrá cuatro.

Una circunstancia que matiza todo esto es que la oposición política partidista por el momento no existe y el único poder existente es el de MoReNa que es lo mismo si se dijera, el de Andrés Manuel López Obrador. ¿Y esto es para bien de la Nación o de un grupo político?