Es una realidad que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump puede ser destituido. Y existen suficientes motivos, desde escándalos sexuales, mentiras, obstrucción de la justicia, traición a la patria, relaciones secretas con vestido electoral-político con Rusia con la finalidad de ganar la elección de noviembre de 2016, confabularse a través de otras personas para derrotar a su contrincante demócrata, intervención en los comicios de otros países, etc., etc.
Él lo sabe muy bien, pero también sabe otras cosas: su piso de aceptación sigue estando firme, una; otra, su partido, el Republicano, tiene mayoría, y gobernabilidad, en la H. Cámara de senadores, aunque el partido demócrata tenga mayoría, y gobernabilidad en la cámara de Representantes, la solicitud-acuerdo de impeachment debe pasar necesaria y obligadamente por esa cámara y esto le da cierto margen de seguridad a Trump.
La semana pasada el liderazgo demócrata en la cámara de Representantes, ante el rechazo hacia Donald Trump por su conversación con el recién electo presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en la que pedía intervenir e investigar a su casi seguro contrincante Joe Biden y que fue difundida y exhibida como un secreto, delito según la legislación norteamericana y traición a la patria y, al parecer lo amenazó con detener la ayuda estadounidense a Ucrania de no iniciar este proceso de investigación hacia el hijo de Joe Biden y él mismo. Para terminar de cavar su tumba el presidente y su equipo trataron de esconder la llamada y eliminarla del registro. A pesar de que la mayoría de la población apoya la impugnación y que los demócratas cuentan con una mayoría en la cámara de Representantes, es improbable que consigan los 67 votos para impugnar a Trump.
A pesar de que esta acción es una posible ofensa criminal, la complejidad del caso impidió a los demócratas iniciar un proceso, pero las olas re repulsa se manifestaron en las encuestas y obligaron al liderazgo demócrata en la cámara de Representantes a dar un cambio de 180 grados y establecer estrategias y anunciaron el inicio de un proceso de impugnación para poner en juicio a Donald Trump y removerlo de la presidencia de la República.
En esta ocasión – la llamada al presidente ucraniano – es tan evidente que parece lógico que los demócratas hayan decidido correr este riesgo. El proceso que llevará meses, coincidirá con momentos claves de la campaña política de 2020 – por la reelección o derrota de Trump – y servirá de arma para debilitar a Trump de cara a la elección de noviembre, aunque los fieles del republicano estarán con él hasta el final – o el triunfo o la derrota -.
Los demócratas saben que una movida tan arriesgada puede tener consecuencias, no obstante, quedarse con los brazos cruzados ante tal afrenta a la sociedad y democracia norteamericana habría tenido efectos aun mayores o peores. Y decidieron jugar el riesgo, que saben que Donald Trump lo sabe y, también lo está jugando.
¿Quién ganará? Lo sabremos en el 2020.























