Escuchar la palabra Iguala, es tocar las páginas de lo más sensibles de nuestra naciente historia: el abrazo de Acatempan, la unión de los ejércitos, uno, el representado por el vallisoletano – hoy Morelia -, Agustín de Iturbide, el realista y, el insurgente, encabezado por Vicente Guerrero; de ese acto – el abrazo entre los dos comandos – surgió la idea de crear y tener un símbolo y nació nuestra Bandera Nacional; después el avasallador, y triunfal camino hacia la capital de la Nueva España y la construcción de los Tratados necesarios para hacer realidad nuestra independencia política de España, que se materializó el 27 de septiembre del año de gracia de 1821. Mas, también, lamentablemente, es tocar uno de los hechos más sangrientos y dantescos de nuestra historia: la noche más oscura de Iguala, en la que, se dice, desaparecieron 43 alumnos de la escuela normal rural Profr. Raúl Isidro Burgos, establecida en Ayotzinapa, Gro., que, circunstancias definitorias, vistió de luto y descrédito – siendo inocente -, toda una administración federal.
Hasta el momento, aunque existe una indagatoria oficial, no se ha encontrado ningún indicio, que pruebe la sobrevivencia de los jóvenes alumnos y, de conformidad con las actuaciones de los ministeriales, fueron asesinados, incinerador – en el basurero de la población cercana de Cocula – y sus cenizas, o esparcidas en las aguas del río o embolsadas y tiradas a las aguas del río Cocula, versión oficial que se llamó la Verdad histórica y que los padres de los jóvenes estudiantes no aceptan y que, a pesar de cinco años de presiones, de reclamos, de exigencias y asistencias a diferentes espacios nacionales e internacionales, no se ha avanzado en la dirección deseada por los padres: o saber lo que pasó o saber su paradero – y en su caso sobrevivencia -, pero jamás aceptar su desaparición forzada y posterior asesinato, incineración y dispersión de sus restos-cenizas.
Por alguna situación=circunstancia, los padres de los jóvenes y muchas personas – físicas y morales –desde hace cinco años, han afirmado que el Ejército Nacional intervino-actuó, los detuvo y los desaparecieron, pero sus voces y reclamos carecen de evidencias.
Al respecto, debe recordarse que todos los sucesos tuvieron su origen con la tarea- comisión estudiantil de presionar y sabotear el informe de la presidenta municipal del DIF, esposa del presidente municipal Abarca, quien ordenó la intervención de sus policías municipales y, posteriormente, de las corporaciones policiacas del estado de Guerrero. El gobierno federal, no tuvo nada qué ver en estos hechos y atrajo el incidente-evento, cuando todo restaba consumado.
Como promesa de campaña política, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ofreció, si el voto popular lo llevaba a la titularidad del poder Ejecutivo, formar una comisión especial para llegar hasta el fondo y conocer la verdad fuera cual fuera e incorporar todos lo necesario para sus actuaciones. Ya está en el país – con gastos pagados y/o por pagar toda su estancia y todos servicios – el grupo conocido como Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales. (No debe olvidarse que Abarca fue recomendado como candidato del PRD por AMLO, cuando, hace más de 6 años, militaba en ese partido)
Al frente de esta comisión está Alejandro Encinas, subsecretario de gobernación federal para la Atención de los Derechos Humanos, quien afirmó que, debido a las fallas jurídicas que han permitido la liberación de más de la mitad de los procesados, la investigación del caso Iguala sufrirá un rediseño total, desde su inicio. Dice: el traslado de los estudiantes y su quema en el basurero de Cocula es la parte medular y es lo que hay que rediseñar (¿¡!?) en la investigación y es el meollo de la “mentira histórica”.
¡No vaya a ser que no hubo nada, que no sucedió nada – que los alumnos están de vacaciones en Alaska -, que no hay, ni delitos ni culpables! Antes esta eventualidad, hay corrientes de opinión que sugieren una dirección oficial inducida con la finalidad de desvirtuar toda la averiguación realizada que consta de más de 65 mil fojas, dictámenes técnicos, fotografías, confesiones, etc., etc. A 5 años de distancia ¿Se podrá reescribir la historia?
Oficialmente, sí. Y, en varias partes del mundo existen pruebas de rediseños históricos.























