En relación con este primer informe presidencial son muchas las interrogantes que provoca; algunas de ellas son naturales y hasta típicas del momento político partidista, pero debemos tomar en cuenta que, con la visión, percepción y deseo de Andrés Manuel López Obrador, donde el llamado cambio es obligado, las respuestas son diferentes y hasta inesperadas.

En relación con la repetición del formato heredado por las anteriores administraciones, era congruente esperar que este primer informe de gobierno cambiara hacia la traición e historia de los informes presidencial previos a Carlos Salinas de Gortari, pues existen condiciones políticas más civiles, y civilizadas que en esos años y con los protagonistas de la oposición; ahora se nota un poco más de apertura y disposición, por lo menos para escuchar sus posicionamientos político- ideológicos: el presidente=AMLO tiene una abrumadora mayoría; la oposición está atomizada, disminuida y podrían establecerse mejores y mayores canales de diálogo y comunicación, que están perdidos desde hace por lo menos24 años.

(En aquellos años se impedía que el primer mandatario hiciera entrega del informe presidencial y ofreciera un mensaje político y se rompió la posibilidad de un diálogo y comunicación con los partidos y protagonistas de la oposición y los representantes populares se transformaron, prácticamente o en porros o en porristas, según el color del cristal del personaje que mandaba en esos sexenios).

Ciertamente, los presidentes nunca dejaron de informar; cumplían las formalidades entregando al poder Legislativo, por la vía personal y legal, el documento por la vía legal y, posteriormente o ese mismo día, según la decisión personal del presidente, en un acto con invitados – distinguidos por esa deferencia – y amigos, ofrecían un mensaje político, destacando lo que a su juicio era muy importante.

Realmente, no entraban a la Cámara del palacio de San Lázaro, pero entregaban el documento, cumplían con la ley y con la nueva costumbre determinada por las circunstancias y se continuaba con la tradición del Día del Presidente.

Posteriormente a este acto habrá, cumpliéndose todo un protocolo, y se solicitará la presencia de algunos secretarios de Estado para que amplíen su visión, información y percepción de los que entregaron a la presidencia de la República para que se informara a la soberanía popular.

Aunque es muy difícil ser concreto, el presidente de la República – particularmente, no le agrada la crítica, y la autocrítica menos -, estará siendo evaluado y su ejercicio como mandatario estará bajo calificación, lo mismo que su gabinete, sobre el que han surgido muchas críticas y hasta se rumorean cambios y nombres, pero lo más importante aquí es la impresión que tiene AMLO de su equipo y saber si sigue, o no, la recomendación del Príncipe de Maquiavelo y elige mejor s su servidores=miembros de su gabinete.